LOS FALSOS GRITOS DE INDEPENDENCIA

  • Por: CHRISTIAN CAICEDO DE LA SERNA*
EL GRITO DE INDEPENDENCIA DEL 3 DE JULIO
El 28 de junio de 1810, en la Casa Consistorial, convocado el Cabildo Extraordinario a petición de Antonio Camacho, Síndico Personero de Cali, este dice que la Península está “casi enteramente sujeta al yugo francés”; y se deben tomar “las providencias convenientes para mantener la seguridad de estos dominios para nuestro Rey cautivo, que es el ídolo de todos sus vasallos americanos…” si no, “el vasallaje, la fidelidad que todos debemos y hemos jurado a nuestro legitimo Soberano el Señor Don Fernando Séptimo vendrá a ser del Tirano Usurpador; la patria… vendrá a ser presa de ese hombre particular por sus perfidias y crímenes… si respetamos la sagrada religión, si amamos a Fernando Séptimo, si le queremos conservar libres e independientes estas inmensas posesiones, del dominio del Usurpadores necesario, yo lo repito, que despertemos, que abramos los ojos, que no nos dejemos sorprender en la presente inacción”. Este discurso es realista, no de sublevación contra España. El 30 de junio de 1810, se celebró Cabildo en Cali; en él, Joaquín de Caicedo y Cuero, manifestó que hemos de conservar estos dominios para “Fernando, nuestro joven y cautivo Monarca, víctima de los hombres extraordinarios por sus maldades; el infame Godoy que lo entrega y el traidor Bonaparte que lo aprisiona… conservemos a Fernando unas ricas y hermosas posesiones, antes que el tirano por si o sus comisarios llegue a gustar sus dulzuras… Obedezcamos pues el Tribunal de Regencia… pero sea bajo las siguientes precisas condiciones que delante de Dios protesto me inspiran: la Religión Santa de Jesucristo, mi fidelidad a Fernando Séptimo, mi amor a la Patria…” A raíz de estas sesiones, se celebró la Junta Extraordinaria del Cabildo de Cali el 3 de julio de 1810 –que a alguien le dio por llamar de Independencia de Santiago de Cali, lo cual es una barbaridad-; en esta Junta del 3 de julio, dijeron que España estaba perdida y se tenía “el próximo riesgo de ser esclavizada por el tirano Napoleón y reducida a su obediencia… en consecuencia, reflexionando los señores del presente congreso los males e irreparables daños que pueden venir a estos dominios… acordaron:” Se le preste al Consejo de Regencia “la debida obediencia como al Tribunal en que se ha depositado la soberanía… se le preste por esta ciudad el juramento de obediencia y homenaje como a nuestro Rey y Señor Natural…” siempre y cuando “el Consejo de Regencia se mantenga en un punto de la Península libre de la dominación del Usurpador, haciendo guerra eterna, y sin permitir que de manera alguna se parta, divida, o enajene el señorío de nuestro cautivo Monarca”; Que disuelto el Consejo de Regencia, se disuelvan nuestros vínculos y obligaciones, “respecto a que abandonando la Península en manos del Tirano, se faltaría a una de las primeras obligaciones que impone la Ley Fundamental del Reino, que estableció los Consejos de Regencia, pues los señores que lo componen con todos los demás fieles españoles deben venir a estos Dominios y unidos perfectamente como sus naturales, de común acuerdo organizar un gobierno libre de los defectos que expresa el Consejo de Regencia, para que bajo su Dirección conspiremos todos a libertar a nuestro Rey del daño de nuestros enemigos y hagamos todo nuestro poder para que no sea despojado de estos reinos, dejando que se apoderen de ellos… Que viniendo de España los vasallos fieles, hagan un mismo cuerpo con nosotros, como que todos tenemos iguales obligaciones de religión, vasallaje y patriotismo, jurando conservar estos dominios y defenderlos a sangre y fuego para Fernando Séptimo y su familia, según el orden de sucesión señalado en las leyes…Que se pida al Virrey “la convocación e instalación de una Junta Superior de Seguridad Pública en aquella capital, cuyo principal instituto sea la salud y conservación de la patria y de estos preciosos dominios para Fernando Séptimo y su familia…” -Esa Junta Superior de Seguridad Pública, es la que se crea e instala en Santafé el 20 de julio de 1810 y cuya acta se conoce apócrifamente como de Independencia Nacional-. “En consecuencia de todo, puestos de rodillas los señores que asistieron al presente congreso, delante la imagen de Nuestro Señor Jesucristo Crucificado, juraron por él, la Santa Cruz y sobre los Sagrados Evangelios, de prestar obediencia y homenaje de fidelidad al Consejo de Regencia en representación del Señor Don Fernando Séptimo…” Firman el acta entre otros, Joaquín de Caicedo y Cuero, José Fernández de Córdoba, José María Mallarino, Antonio Camacho, Fray Pedro de Herrera, Fray José J. de Escobar, José Joaquín y Francisco de Vallecilla, José Borrero, Manuel de Herrera, José María de Cuero y Caicedo, José Antonio y Vicente Borrero.
El acta del Cabildo de Cali de 3 de julio de 1810, de manera absurda, ha sido declarada por historiadores como de Independencia de Cali, cuando es de fidelidad a Fernando VII, de prepararse a defender estas tierras para el Monarca Español y no dejar que el Usurpador Bonaparte se apodere de ellas, para lo cual los caleños, están listos a luchar hasta derramar la última gota de sangre por defender la Patria Española. Decir lo contrario es magna ignorancia.
 
EL GRITO DE INDEPENDENCIA DEL 20 DE JULIO
España y América estaban en guerra de Independencia contra Francia. La invasión cada vez mayor y victoriosa de las tropas francesas y la usurpación del trono español por el Emperador Bonaparte, quien secuestró en Bayona al Rey Fernando VII y a la familia Real, los obligó a renunciar al trono e instauró como Rey de España y América a su hermano José Napoleón, quedando España y sus colonias en poder de Francia, ésto condujo a Santafé de Bogotá a celebrar en la plaza pública, a las 6 de la tarde del 20 de julio de 1810, Cabildo Extraordinario, para crear e instalar la Junta Suprema de Gobierno del Reino en respaldo del Rey Fernando VII, por insinuación del Cabildo de Cali. Es falso que dicho día se dio nuestro Grito de Independencia de España. Afirmarlo es farsa que durante más de un siglo han incrustado en el cerebro de la juventud, cándidos maestros e historiadores y libros fanáticos, tendenciosos, que han corrompido la historia hasta mitificarla, engañando a un pueblo crédulo. Se trató, como en España, de combatir el yugo francés a través de juntas de gobierno en ciudades o regiones, que no querían hacer parte de la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino. Estas Juntas, de las ciudades españolas y americanas, como la Central de Cádiz, eran realistas. La Junta de Santafé de Bogotá del 20 de julio, decidió velar “por la seguridad de la Nueva Granada, que protesta no abdicar los derechos imprescindibles de la soberanía del pueblo, a otra persona que a la de su augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros”, según dice el acta, mostrada falsamente como de nuestra independencia de España. La Península española estaba casi perdida y siendo así, el Rey Fernando VII, al ser liberado, no tendría desde dónde gobernar, fuera de estos inmensos dominios suyos americanos. Un bando quería que hiciéramos parte de la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, en Cádiz; y otro grupo, deseaba fundar en sus ciudades o regiones, juntas de gobierno para defendernos de Francia. Ambos grupos iban tras un mismo fin: fidelidad a la religión Católica, Apostólica y Romana, al Rey Fernando VII, defender estos reinos para él, destruir a los invasores franceses y como dicen los cabildantes caleños el 28 de julio de 1810, libertar la patria “del usurpador de las coronas, el monstruo de Europa (Napoleón), el hombre más sanguinario que ha conocido la tierra, cuando no puede con la fuerza de sus armas victoriosas ocurre a la seducción, al engaño, a la perfidia para conquistar espíritus débiles y extender su imperio no solo en la Europa, sino fuera de ella..Tenga V. M. la bondad de estimarlos como un brote de nuestra fidelidad, como un testimonio de nuestro amor a Fernando, como una precaución necesaria para conservarle las posesiones del Nuevo Mundo si se pierden las del antiguo. Si llega este caso desgraciado, organícese el gobierno en estos países, donde no tiene influjo el plan mortífero del Usurpador. Vengan los respetables individuos de ese Consejo Soberano, vengan los ilustres españoles que hayan acreditado su fidelidad en esta época sembrada de sangre y de todo género de calamidades. Vengan, que los recibiremos con los brazos abiertos y nos reuniremos todos, proponiéndonos por único objeto la pureza de nuestra Religión Santa y la felicidad de la patria, que hemos de conservar a sangre y fuego para el inmortal Fernando 7º…”Lo expuesto en este memorial, fue aprobado y suscrito 8 días después del 20 de julio de 1810 en la Sala Capitular de Cali, por Joaquín de Caicedo y Cuero, Cayetano de Molina Rendón, Antonio de Nieva, Ignacio Mateus Polanco, José Fernández de Córdoba, José María Mallarino, Joaquín Micolta, Domingo Pérez de Montoya y Antonio Camacho. En Santafé de Bogotá, se depositó el gobierno supremo del reino en el Arcediano de la Iglesia Catedral Juan Bautista Pey, el Tesorero, el Contador, los Alcaldes, Regidores, Camilo Torres, Luis Caicedo, Francisco Morales, Frutos Gutiérrez, Sinforoso Mutis, el Teniente Moledo, el Coronel Baraya, e Ignacio de Herrera y Vergara Caicedo entre otros.
Dice la mal llamada Acta de Independencia Nacional del 20 de julio de 1810, que los cabildantes santafereños juraron así: “puesta la una mano sobre los Santos Evangelios y la otra formando la señal de la cruz, a presencia de Jesucristo Crucificado, dijeron: `Juramos por el Dios que existe en el Cielo, cuya imagen está presente y cuyas sagradas y adorables máximas contiene este libro, cumplir religiosamente la Constitución y voluntad del pueblo expresada en esta acta acerca de la forma de gobierno provisional que ha instalado; derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestra sagrada religión C.A.R., nuestro amado Monarca Don Fernando VII y la libertad de la patria…´” Fue electo Presidente de esta Junta Suprema del Reino, el Teniente General Antonio Amar y Borbón y Vicepresidente el Alcalde Ordinario José Miguel Pey.
En esta acta del 20 de julio, está probado que se juró defender el Nuevo Reino, del dominio de Francia; dar hasta la vida y “derramar hasta la última gota de nuestra sangre” por la religión Católica, Apostólica y Romana, por la patria y por el Rey de España y de América, el amado Fernando VII; es demostración perfecta que el Grito de Independencia es un disfraz fijado en la mente de varias generaciones de colombianos, al negarse a aceptar la verdad. Nuestra guerra de independencia, fue la misma guerra de la Península y sus dominios: quitarse de encima el yugo francés, lograr nuestra libertad de Francia. Eso es lo que en verdad histórica celebramos alborozados el 20 de julio de cada año. Eso es lo que hay que rectificar para que los colombianos no sean embaucados desde temprana edad; para que los ciudadanos en general, sean conscientes de la realidad histórica, para que se encuentren con una nueva patria libre de falacias, de mitos y de leyendas que se parecen a las victorias de Don Pelayo.
*Miembro de Número de la Academia de Historia del Valle del Cauca y Miembro Honorario de Gencauca.
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