PERIPECIAS DE LOS NAZIS CRIOLLOS, INTENTOS GOLPISTAS EN COLOMBIA EN LOS AÑOS DE LA GUERRA MUNDIAL


Documento histórico

Revista credencial Historia
Edición No 67
Julio-1995

Por: Silvia Galvis

Hoy sesenta y cuatro años después, pareciera el guión deshilvanado de una sátira política. Pero es verdad histórica: entre 1941 y 1945, las conspiraciones con propósitos totalitarios contra los presidentes liberales Eduardo Santos y Alfonso López Pumarejo se dieron casi silvestres. Los grupos de conjurados -que iban desde anónimos ascensoristas de los principales edificios de bogota hasta los más altos mandos del ejército colombiano- actuaban bajo la influencia del falangismo del generalísimo, del nacionalsocialismo del führer, del fascismo del Duce, y por supuesto, del laureanismo de Laureano Gómez (partido conservador)
Todos los intentos de derrocamiento de los gobiernos liberales –excepto el fragoso golpe de pasto del 10 de julio de 1944 – fueron descubiertos a tiempo: unos, por el oportuno “soplo” de algún revoltoso arrepentidos; otros gracias a los servicios de inteligencia colombianos y norteamericanos. Pero no por eso, la Organización Nacional, la Acción Nacional Militar Católica, la legión del cóndor y la Legion Colombiana- que así se llamaron las agrupaciones conspiradoras – dejaron de estremecer la ya de por si agitada vida política nacional. En tiempos de guerra y la exigencia de los Estados Unidos con respecto a la America del sur se condensaba en una consigna inapelable: la defensa a ultranza del hemisferio occidental. En gracia de estas circunstancias, agentes secretos del FBI actuaron libremente en el territorio nacional, y tanto la embajada norteamericana como el departamento de estado – que veían a Colombia como un hervidero de actividades nazis, debido a su proximidad con el canal de Panamá y al interés que debía tener Hitler de controlar tan estratégica zona- intervinieron en los asuntos internos de Colombia sin miramientos ni rubores.
El primer complot contra el presidente santos empezó a gestarse en mayo de 1941, de acuerdo con cinco cuadernos encontrados a un suboficial del batallón guardia presidencial, que formaba un diario detallado de las actividades del movimiento y que fue descubierto por el departamento de información del estado mayor general de las fuerzas militares, según el ministro de gobierno, José Joaquín Castro Martínez – quien rindió un informe al senado – en el golpe de estado estaban involucrados no solo 11 suboficiales del guardia presidencial, sino también cerca de 200 miembros del ejercito y “numerosos elementos civiles”, entre los cuales se contaban los ascensoristas de los edificios mas importantes de bogota. Supo también el ministro castro que se había encontrado propaganda nazi en los sitios de reunión y uno de los ascensoristas comprometidos confeso que la fotografía de Laureano Gómez colgaba de las paredes donde se reunían los conjurados ; la misma fuente agrego que “el jefe del conservatismo seria el dictador una vez eliminado el gobierno”. Sobre este incidente, el embajador norteamericano en bogota , Spruille Brade, escribió a Washington : “Hitler esta desesperado por incrementar las actividades nazis hasta el punto de provocar golpes de estado con el fin de distraer la atención de los estados unidos hacia países suramericanos en lugar de concentrarse en su ayuda a Inglaterra. La situación de Colombia no es estable y creo que empeorara”.
La idea de que el ala laureanista del partido conservador- permeada por las doctrinas totalitarias del eje- amenazaba golpear la democracia colombiana, era objeto de preocupación de los liberales. Ya en diciembre de 1940, José Umaña Bernal, político, poeta y amigo personal de López pumarejo, le había confiado a Vernon Fluharty, quien además de ser su vecino, era el tercer secretario de la embajada norteamericana: “estoy absolutamente convencido de que habrá un intento conservador-nazi de llegar al poder a través de un golpe de estado o revolución. No puedo darle datos concretos, pero como político que sabe de lo que habla, estamos convencidos de que el partido conservador cuenta con la promesa de una ayuda nazi”.
Umaña Bernal no exageraba, y fue al presidente López pumarejo a quien toco cargar con la cruz de la constante amenaza de derrocamiento. En julio de 1943, el FBI informo a su jefe, J. Edgar Hoover en Washington: “el movimiento responsable de la revolución se conoce como organización nacional, esta integrado por oficiales del ejercito y la marina, sacerdotes, abogados, prominentes personalidades y una masa de seguidores de todas las clases sociales. El objeto del movimiento es iniciar una revolución en diferentes ciudades del país con el fin de establecer un régimen totalitario similar al de franco en España. Mi fuente informa que la señal para comenzar la revuelta la dará una emisora de radio de Bogota y la consigna ya esta arreglada”.
“La voz de Colombia”- que según el FBI estaba “estrechamente vinculada con el órgano informativo del partido conservador , el periódico El Siglo – era la emisora encargada de transmitir la consigna, pero no alcanzo a cumplir su misión, pues el complot fue descubierto y arrestado los oficiales involucrados por orden directa del presidente López. Durante las fallidas peripecias, los organismos de inteligencia supieron que el jefe de los conspiradores se llamaba Venancio Ferreira, un doctor barranquillero, “nazi confeso”. También se supo que los amigos del eje tenían lista 50 ametralladoras pesadas, 11 ametralladoras livianas, 544mil cartuchos de subametralladoras y 900 mil cartuchos de fusil.
Con todo, no hubo ni tregua ni desanimo. El grupo, reorganizado bajo el nombre Acción Nacional Militar Católica, preparo otro alzamiento para el 3 de agosto de 1943, es decir, un mes después. Según los planes acordados en bogota, los conspiradores debían sintonizar la radio del ejército y una vez escuchada la consigna, la revuelta comenzaría con el asesinato del comandante de la brigada de Barranquilla. Como los anteriores, el intento fracaso gracias a las declaraciones de un arrepentido que, además, aseguro que Laureano Gómez, era uno de los miembros mas radicales de la ANMC.
Antes de terminar el año, la conjura revivió, y con nombre nuevo: en adelante se llamaría Legión Colombiana. Sus fundamentos eran la religión católica, el antisemitismo, el nacionalismo, la lucha contra la corrupción política de los partidos y el resurgimiento militar de la gran Colombia. El propósito, la instalación de un gobierno provisional totalitario.
De los trances de los legionarios por tumbar al gobierno dio cuenta un informe del FBI. El día acordado era el 31 de diciembre a la hora del “Te Deum”, o en la mañana del primero de enero, bien temprano, cuando todo el mundo aun durmiera. El primer brote estallaría en Barranquilla, con un corte general de la energía, luego, el ejército se tomaría el cuartel de la policía – de mayoría liberal- y se dedicaría a convencer a sus miembros de los beneficios del derrocamiento. Los revoltosos tenían órdenes de respetar la vida y las propiedades de los extranjeros, pero no la de los judíos. Sin embargo , cuando las cosas parecían salir , por fin , a pedir de boca, llego a Barranquilla el sacerdote jesuita Ángel Ramírez, delegado de la legión de bogota, con la novedad de que había que aplazar el movimiento para el 6 de enero de 1944, ya que algún infidente había avisado al gobierno de sus planes y propósitos.
Tampoco se produjo el 6 de enero, pues la delación parecía ensañarse en los conjurados. Los proyectos, entonces, cambiaron para el 9 de febrero. Ese día, el coronel Luis Agudelo llego de la capital con noticias frescas. De acuerdo con Agudelo, había otros grupos, además de la legión, interesados en sumarse a la revolución, el ex ministro de hacienda, Alfonso Araujo, Carlos Arango Vélez y el general Eduardo Bonitto. También varios jerarcas de la iglesia católica y la academia caro. Los nuevos planes fueron interrumpidos por el viaje del presidente a estados unidos, pues corría el rumor insistente de que López se iba para no volver. Pero regreso y, con el en el palacio presidencial, el movimiento recupero el entusiasmo y revivió la actividad. Ahora, el primer objetivo no seria la empresa de energía ni el cuartel de policía, sino los teléfonos y la gobernación del atlántico. De controlar el aeropuerto de soledad ( Atlantico) se encargaría el piloto de Avianca, Alfonso Cuellar, nazi confeso, una vez prendiera la revuelta en Barranquilla , las legiones del resto del país procederían con sus planes.
De nuevo la adversidad cayo sobre los confabulados, pues el 9 de febrero, Laureano Gómez fue enviado a prisión en bogota porque desde el siglo, se había acusado al ministro de gobierno , Alberto Lleras Camargo, de inferir en la investigación judicial relacionada con el asesinato de mamatoco, los legionarios interpretaron el hecho como una provocación oficial para obligarlos a ejecutar sus planes, así que citaron a una manifestación en el parque de la independencia, para el 10 de febrero, a las cinco y media de la tarde, en protesta por el encarcelamiento de Laureano, pero justo ese día el político había sido dejado en libertad. No obstante, los legionarios decidieron que allí, en el parque, esperarían la señal de la voz de Colombia, nunca contaron con que a su llamado solo acudirían un puñado de gente que fue fácilmente dispersa por la policía.
El alzamiento se propuso para los primeros días de marzo, pero también fue cancelado por avisos enviados por “lucia”, el alias de Lucio Pabon Núñez, representante conservador por norte de Santander. Pero la calma era aparente y los revoltosos tercos, apenas habían trascurrido algunos días desde que el presidente López regresara a bogota, cuando en Barranquilla ya se recibían instrucciones para que los legionarios activaran su viejo habito de escuchar la voz de Colombia todos los días, de 7 a 8 de la mañana y de 8:30 a 10 de la noche. Las consignas eran diferentes y se difundirían tres días consecutivos. Decían así, el primer día, “el 9 de julio se obsequiarían a la virgen de Chiquinquirá, la reina de Colombia, un cetro de oro por todos los colombianos, contribuya usted a este homenaje”.
El segundo día la confirmación de la clave se sabría al escuchar el siguiente aviso, “editorial jotade le hace a usted los mejores trabajos de imprenta, desde una tarjeta hasta un libro. Necesita obreros competentes y honorables. Teléfono 1625”. Y como llamado definitivo, los legionarios debían esperar una consigna casi celestial; “el rosario salvara a Colombia. Propague usted esa devoción y suscríbase a la revista el santísimo rosario, apartado aéreo 232, bogota”
Esta vez, los revoltosos habían decidido excluir de su nomina a los generales – Eduardo bonitto y Rafael E Pizarro – porque creían que ellos aspiraban a la presidencia, pero no actuarían sin antes asegurar la participación de la oficialidad joven y tampoco si no contaban con la asesoria del alemán Max Groegel, especializado en reconocer e identificar judíos. La señal como siempre, corría por cuenta de la voz de Colombia. Y, también como siempre, la conspiración fue descubierta y desbaratada y algunos legionarios detenidos en junio de 1944. El nuevo embajador de los estados unidos, Arthur Bliss escribió a sus superiores del departamento de estado, “el presidente López, espontáneamente ayer, se refirió al asunto de los consejos de guerra. Dijo que cerca de 67 casos han sido juzgados; algunos condenados a prisión y otros dados de baja del ejercito. También hay cargos contra la voz de Colombia, la estación de radio acusada de transmitir las señales para comenzar la revolución. El presidente dijo que aunque el movimiento estaba ampliamente infiltrado en el ejercito, el confiaba en que la situación estaba satisfactoriamente bajo control”
Lejos estaba López Pumarejo de la realidad, pues en lo que le queda de gobierno, Laureano Gómez, las conjuras y los conspiradores, no darían paz a su espíritu. Como lo registra la historia colombiana, el 10 de julio de 1944, el presidente fue detenido en un suceso que los colombianos bautizaron como el golpe de pasto.

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