Cuba en los medios: claves del consenso informativo



La industria de la información y la comunicación es el motor ideológico para la fabricación del consenso imprescindible en la legitimación del sistema capitalista global.

Por: José Manzaneda

La industria de la información y la comunicación es el motor ideológico para la fabricación del consenso imprescindible en la legitimación del sistema capitalista global . Las grandes cadenas de televisión, las productoras de cine comercial, las emisoras de radio, los diarios de gran tirada y el resto de las grandes empresas del sector de la comunicación de masas realizan una gestión privada de un servicio público trascendental por su influencia política y social: la selección de las agendas informativas relevantes para la ciudadanía, de las opiniones expertas que aquella debe tener en cuenta para forjar sus opiniones, de las tendencias, valores, formas de vida y patrones de consumo a imitar y, por supuesto, de los modelos de conducta política que es necesario excluir o condenar.
El universo informativo es configurado por –o para- un pequeño gabinete de empresarios desde una ideología que –inevitablemente- acompaña y defiende sus intereses de clase. Por ello no es de extrañar que dichos productores de información y de otros servicios de comunicación tengan entre los anteriormente citados modelos excluibles o condenables a la Revolución cubana, categorizada en el universo simplificador de los media como “régimen castrista”.
La información sobre Cuba, en su inmensa mayoría, nos llega cargada de una matriz de opinión que contamina todos los soportes, desde las noticias y crónicas escritas hasta las imágenes fotográficas y de video. Un consenso bien asentado en los medios más representativos e influyentes que presenta como inviable, injusto y antidemocrático el modelo cubano de desarrollo y su sistema político y económico.
Presencia desproporcionada
Un primer apunte sobre el tratamiento informativo a las noticias sobre Cuba es el desproporcionado número de éstas con relación a factores como la escasez en la Isla de acontecimientos espectaculares o hechos socialmente dramáticos, tan rentables para la industria mediática; el escaso peso de la economía cubana y su débil influencia en el juego del comercio internacional; y su pequeño tamaño como país de poco más de 11,3 millones de habitantes.
Este gigantismo informativo sobre Cuba responde, de manera evidente, a una intencionalidad editorial ligada al anteriormente citado consenso periodístico, coherente con la matriz ideológica del conjunto de la industria de la información y la comunicación.
Claves del tratamiento informativo
Este consenso periodístico que carga a priori textos, voces e imágenes sobre Cuba se refleja en una serie de claves de tratamiento informativo, que se pueden resumir en las siguientes:
1.La selección de hechos noticiables vinculados a aspectos de la sociedad cubana que puedan ser presentados como negativos.
2.La exageración y sobredimensionamiento de los mismos.
3.La exclusión de la agenda de aquellos contenidos informativos vinculados a los logros del país en materia social, a pesar del refrendo de numerosas agencias del complejo de Naciones Unidas (UNESCO, OMS, OPS, PNUD, UNICEF, CEPAL, UNIFEM, etc.) a los resultados de Cuba en materia de educación, salud, equidad de género, desarrollo sostenible, cooperación Sur-Sur y otros.
4.El olvido del contexto geográfico e histórico de Cuba, que induce a comparaciones distorsionadas con la realidad de los países del llamado Primer Mundo.
5.La minimización del impacto social y económico del bloqueo impuesto por las diferentes administraciones de Estados Unidos.
6.La repetición de estereotipos informativos y clichés.
7.Y la utilización de un lenguaje estandarizado cargado de connotaciones condenatorias y despectivas.
Fuentes informativas elegidas y desechadas
La conversión en producto noticiable de unos hechos y no de otros viene lógicamente acompañada de un proceso de selección-exclusión de fuentes, así como de protagonistas informativos y de opinión. En las noticias sobre Cuba, los medios recurren básicamente a fuentes y actores sociales posicionados frente al modelo político, económico y social vigente en la Isla. Éstos son:
1.Las fuentes tradicionales, básicamente las grandes agencias de prensa ubicadas en países del Norte, en su mayoría de EEUU. También otros grandes medios que responden a similares patrones informativos.
2.Los representantes de colectivos que los medios categorizan como “disidencia” u “oposición” al gobierno cubano, y que en su gran mayoría enfrentan el rechazo popular interno debido a su dependencia política y financiera del gobierno de EEUU.
3.Y organizaciones internacionales de la denominada “sociedad civil”, que juegan un papel de altavoz global de los anteriores colectivos y que, por tanto, reproducen de manera indirecta el discurso de intervención del gobierno de EEUU. Es el caso de o¬nGs multinacionales como Reporteros sin Fronteras, Human Right Watch y, en menor medida, Amnesty Internacional .
La elección de dichas fuentes viene acompañada de la exclusión de otras de evidente relevancia, como el propio gobierno cubano, los centros de investigación, think tanks y universidades de la Isla, las ONGs cubanas, las asociaciones de amistad y solidaridad con Cuba, o las asociaciones de cubanos y cubanas residentes en el exterior no vinculadas al lobby anticastrista.
Doble rasero informativo
La matriz ideológica que impregna la información sobre Cuba queda patente cuando comparamos ésta con la referente a otros países de América Latina y del Tercer Mundo. A modo de ejemplo, analicemos el tema de la emigración .
Según el consenso establecido por los mediios, los denominados “espaldas mojadas” de México, o los “balseros” de la República Dominicana o Haití que intentan traspasar la frontera de Estados Unidos, son categorizados como emigrantes económicos en busca de nuevas oportunidades laborales, mejor calidad de vida e, incluso, como migrantes forzados por la pobreza o el hambre. A los cubanos y cubanas que tratan de vivir y trabajar en la mayor potencia económica del mundo, por el contrario, se les califica en la mayoría de las informaciones como “exiliados”. La carga ideológica en la información es patente, además, en la utilización exclusiva para el caso cubano de verbos como “huir”, “burlar”, “escapar” y otros.
En las noticias sobre migrantes de otras naciones del Sur, rara vez es mencionado el nombre del presidente del país de origen, o establecida alguna relación causa-efecto entre su régimen político o económico –generalmente economías de mercado del Tercer Mundo y sistemas multipartidistas- y el fenómeno migratorio. En el caso de Cuba, por el contrario, es sistemática la mención del presidente del ejecutivo antillano y la culpabilización velada o directa al sistema cubano por el hecho migratorio.
El doble rasero aplicado evidencia la intencionalidad política de los grandes media, por cuanto el fenómeno es, en todos los supuestos mencionados, de raíz económica. Además, los media raramente recogen un hecho único que es imprescindible explicar si se desea acercar al público a la especificidad del fenómeno migratorio en Cuba: que el país de acogida (Estados Unidos) promueve con fines políticos la emigración ilegal cubana a través de la política de “pies secos, pies mojados” y de la llamada Ley de Ajuste Cubano, mientras aplica un criterio universal de rechazo y expulsión al resto de la emigración latinoamericana .
Microscopio informativo y censura de realidades de la Isla
Para explicar cómo los media aplican un diferente rasero informativo a las noticias sobre Cuba y sobre otros países, el sociólogo estadounidense James Petras nos dice: “Los practicantes de equivalencias morales aplican un microscopio a Cuba y un telescopio a Estados Unidos, lo cual les presta una cierta aceptabilidad entre los sectores liberales del imperio”. En esta línea, los medios emplean su lente de aumento para resaltar aspectos negativos de la sociedad cubana, ya que el enfoque sociológico les obligaría a aceptar que, en su contexto geográfico, la realidad de Cuba -sin duda no exenta de complejidades y contradicciones sociales- es más equilibrada que la de sus países vecinos.
Este particular microscopio aplicado a Cuba por los media hace que, de manera sistemática, sean seleccionados como hechos noticiables sólo las incidencias o elementos problemáticos o contradictorios de la sociedad cubana. Esta lupa de aumento tiene un efecto deformador de la realidad, por cuanto elimina aspectos fundamentales para la comprensión de la información, como el contexto geográfico, las claves históricas y todo tipo de datos macro sobre el desarrollo económico y social de la Isla.
En este sentido, los medios ejercen una clara censura de todas aquellas informaciones que puedan contradecir la matriz de consenso anteriormente explicada, que presenta a la Revolución cubana como un proyecto político y económico fallido. ¿Qué aspectos de la realidad cubana se encuentran misteriosamente “desaparecidos” de las informaciones de los grandes medios? Destacaremos los siguientes:
1.Los logros sociales de Cuba en su contexto geográfico, especialmente aquellos avalados por las organizaciones del sistema de Naciones Unidas, en materias tales como la educación, la salud pública y comunitaria, la cultura o el deporte.
2.Los valores de humanismo y fraternidad que siguen impregnando la sociedad cubana y que la hacen ser – pesar de retrocesos recientes vinculados a la brutal crisis económica de los años 90- una de las más equilibradas del continente.
3.El nivel cultural de la población de la Isla, que contrasta con la débil infraestructura económica del país.
4.La obra internacionalista solidaria de Cuba hacia otros pueblos del Tercer Mundo. Cualquiera de los siguientes programas, dada su excepcionalidad, deberían generar informaciones relevantes: la Operación Milagro –6 millones de personas sin recursos de toda América Latina serán operadas de la vista en 10 años gracias a la solidaridad cubano-venezolana-; el método de alfabetización “Yo sí puedo” –aplicado en 27 países del mundo y premiado por la UNESCO-; las brigadas cubanas médicas de solidaridad y el Plan Integral de Salud -Cuba tiene más cooperantes en el mundo que el resto de naciones juntas-, o la Escuela Latinoamericana de Medicina –más de 10.000 estudiantes extranjeros estudian becados por el gobierno de Cuba-.
5.La paz social y la seguridad existente en la Isla que, al igual que el resto de los renglones indicados, contrasta con la situación de la región.
6.Y las diferentes fórmulas de participación de la población cubana en la vida política y en decisiones de gran calado económico y social en el país.
Ideología y factor de clase de los medios
El consenso periodístico sobre Cuba construido por los media parte de un evidente sesgo ideológico favorable al modelo económico de mercado capitalista y al sistema de representación democrático-burgués, y contrario frontalmente a cualquier forma de gobierno que lleve a la práctica iniciativas que atenten contra uno de sus principios sagrados: la propiedad privada de los medios de producción, entre ellos, las propias empresas de comunicación. Es por ello que el sistema imperante en Cuba no es el único excluible o rechazable por el consenso mediático. Cualquier otra administración que haya logrado variar el rumbo neoliberal de las sacralizadas estrategias económicas de los años 80 y 90 es sujeto también de campañas sistemáticas de demonización informativa. Citemos, entre otros, los casos de Venezuela, Bolivia, Argentina, Bielorrusia, Zimbawe y Ecuador.
En el contexto de las naciones del Sur, y sin olvidar sus problemas, contradicciones y desafíos, Cuba representa una alternativa exitosa frente al modelo capitalista. En este país se construye un modelo autóctono cuyos cimientos ideológicos, sociales y económicos –propiedad colectiva, participación ciudadana, solidaridad nacional e internacional- son radicalmente antagónicos a los del sistema que conforman, representan y defienden los grandes medios de comunicación del Capital internacional. Es por ello que cadenas de televisión, emisoras de radio, periódicos, revistas, editoriales, productoras de cine, agencias publicitarias, discográficas y otras empresas de comunicación que controlan la información mundial y el conjunto de los productos de la industria cultural, proyectan al conjunto de la ciudadanía mundial una imagen tergiversada, deformada y demonizada de Cuba y de su sistema político, económico y social. No debemos olvidar que los media, finalmente, son propiedad de una élite cuyos intereses de clase son radicalmente incompatibles con el modelo que Cuba y otros procesos políticos emergentes representan en el escenario internacional.

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