Guadalupe Salcedo, un guerrero de vanguardia

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Este año se conmemora el 55 aniversario de la muerte del comandante guerrillero Guadalupe Salcedo, nacido en el seno de una familia típicamente campesina en 1924 en Tame, Arauca. Se convirtió en comandante supremo del frente de guerra llanero surgido como consecuencia de la violencia desatada por el Estado, que en el régimen de Laureano Gómez ejerció toda forma de terrorismo contra la población civil, especialmente contra el pueblo gaitanista. Después del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, sus seguidores sufrieron la persecución desatada por la confrontación civil azuzada por liberales, conservadores y la iglesia católica mediante masacres a toda persona simpatizante de ideología comunista o de izquierda liberal.

Hacia 1945 comenzó a perfilarse la estrategia belicista de la oligarquía colombiana. Al amparo de la doctrina Truman comenzó a aplicarse un plan de exterminio y terrorismo en los campos y ciudades para impedir el triunfo electoral de Jorge Eliécer Gaitán, desmovilizar a las masas campesinas, anular la capacidad de resistencia del pueblo y recuperar el control de la tierra para el gran latifundio. En 1946 comenzaron los asesinatos por parte de la policía Chulavita, un grupo armado paramilitar fundado en la vereda Chulavita del municipio de Boavita, Boyacá, encargadas de quitarle la cédula de identidad a cada campesino liberal, por la razón o la fuerza. Como la cédula era un documento indispensable para votar, se trataba de impedir la votación del campesinado gaitanista.

El Estado colombiano cometió todas las atrocidades de la oligarquía: mutilaciones, decapitaciones masivas, descuartizamientos. Las masacres de niños se repetían a diario. Había que exterminar al “enemigo” en la cuna. Las  masacres eran cometidas por militares, policías y por bandas paramilitares conservadoras y liberales arengadas desde el púlpito por el anti comunismo clerical. El país quedó a merced del terrorismo del Estado.  En 1946, Guadalupe Salcedo, como dirigente campesino, fundó una organización armada para proteger a la población civil de su región. Salcedo y sus combatientes mostraron una posibilidad de lucha armada en defensa del pueblo trabajador.

Bajo la brutalidad del ejército, de la policía y de sus grupos paramilitares conocidos como los “pájaros”, las torturas, detenciones ilegales, asesinatos selectivos y colectivos, quema de poblaciones, la oligarquía liberal conservadora empujó al pueblo a alzarse en armas para proteger sus derechos. Los grupos guerrilleros, armados con escopetas viejas, con propósito defensivo y capacidad de lucha, lograron articularse a la población civil tanto del campo como de las ciudades. Las guerrillas que levantaban su nombre y sus banderas pronto comenzaron a distanciarse de la manipulación de la oligarquía que las había organizado para defensa de sus intereses mezquinos, disputados entre conservadores y liberales, y comenzaron a hacer la guerra en el interés del pueblo.

Como hoy, en ese entonces se unieron los grandes oligarcas liberales y conservadores y decretaron que en el país no había conflicto armado, sino violencia generada por bandas de chusmeros y bandoleros. Pero lo que logró la oligarquía, unida en odio común contra la guerrilla, fue poner en vigencia las palabras de Jorge Eliecer Gaitán: “El pueblo no tiene dos partidos, sino que la oligarquía lo partió en dos para repartirse el destino de la patria”.

Fue entonces cuando el bipartidismo presionó al comandante en jefe del ejército – general Gustavo Rojas Pinilla -, para que fingiera un golpe de Estado. Rojas Pinilla, consciente de que por primera vez en la historia colombiana se estaban creando bases populares y un ejército del pueblo, rechazó la propuesta. Bajo amenaza de ser relevado de la institución, le obligaron deponer al presidente y asumir el mando con un plan de “reconciliación y pacificación nacional”: “la Patria por Encima de los Partidos”.

Convencido de la imposibilidad de que la oligarquía venciera militarmente a la guerrilla, Guadalupe Salcedo convocó en Viotá – Cundinamarca – la Convención Nacional del Movimiento guerrillero para presentar una propuesta política alternativa ante la ausencia de un proyecto de país del cual carecía el bipartidismo. Allí se creó el territorio independiente de los llanos, organizado por ligas de sindicatos agrarios. Cuando la oligarquía percibió que detrás de esta organización caminaba la revolución, ambos partidos se reunieron con Rojas para pedirle la suspensión unilateral de los operativos de guerra y el ofrecimiento de paz y amnistía a las organizaciones guerrilleras.

A inicios de los años cincuenta, muchas de las personas pertenecientes a las agrupaciones que se desmovilizaron y entregaron sus armas durante la amnistía, decretada por el dictador Rojas, fueron posteriormente asesinadas durante el sueño y ametralladas por el ejército y los paramilitares. Otras desaparecieron o aparecieron flotando en los ríos. Pero varias de ellas siguieron en armas dentro de sus propias zonas de influencia regional. Las guerrillas campesinas organizadas por Pedro Antonio Marín – Tirofijo -, guerrillero colombiano, comandante y cofundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC -, se mantuvieron alertas, sin acogerse al plan de paz, salvando la vida y la de muchos campesinos. Esta historia debe rememorarse hoy, cuando el gobierno invita a esos guerrilleros veteranos a firmar la paz.

Salcedo dirigió varias operaciones militares con éxito en la batalla, como la toma de Orocué, Casanare. Una mañana de 1952, en el sitio conocido como El Turpial, tendió una emboscada a la unidad de infantería integrada por 200 hombres del ejército, quien sufrió 96 bajas. Guadalupe es ejemplo de hombre y expresión genuina de guerrilla. Pero cayó en la trampa de la desmovilización y en la ilusión de poder definir con la oligarquía un proyecto de sociedad distinta. El 6 de junio de 1957 fue asesinado cobardemente en Bogotá durante un operativo conjunto entre la policía y el ejército. Mientras debatía una propuesta de inversión social para su región llanera, fue acribillado por las fuerzas del Estado. Sus funerales estuvieron acompañados por más de cinco mil personas que desfilaron hasta el Cementerio Central de Teusaquillo, exigiendo justicia para el comandante que tuvo bajo su mando una brigada de 5.000 guerrilleros.

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