FALSOS POSITIVOS JUDICIALES EN COLOMBIA: EL TESTIMONIO DE MARISOLIANA COLORADO

Introducción por Javier Lopez:
En Colombia  el gobierno criminal del  dúo Alvaro Uribe-Juan Manuel Santos no solo impuso al país los falsos positivos como un acto criminal en donde se ejecutaba extra-judicialmente a ciudadanos humildes, jóvenes sin empleo, para hacerlos pasar por guerrilleros y así cobrar  no solo jugosos premios sino también inmerecidos  ascensos,  dentro de esta política criminal, la detención de diversas personas por lo general de extracción humilde como es el caso de Marisolina Colorado para hacerlas pasar por integrantes de grupos guerrilleros en la mayoría de los casos pero también de delincuencia común,  tenia como objetivo “mostrar resultados”, con estas detenciones masivas o individuales como es el caso en  mención, también llamadas por la población “detenciones milagrosas”  se buscaba ademas   obtener prebendas, las cuales generaron  un proceso de corrupción y descomposición  dentro de las instituciones militares, de policía y organismo de inteligencia.
por suerte para Marisolina el proceso judicial llego a feliz resultado con su liberación, sin embargo muchos colombianos no han contado con la misma suerte, están en las cárceles pagando injustas condenas o muertas.
la siguiente es  información dehttp://elpueblo.com.co/el-caso-de-marisoliana-colorado/

Hoy Marisoliana Colorado camina libre de la mano de su hijo de dos años por el pueblo que la vio nacer, Villarica, Cauca. Foto: Luis Alfonso Morales

El  2 de agosto recuperó su libertad una mujer de procedencia humilde, de 26 años, acusada de tener vínculos con las Farc, quien fue capturada en medio de hechos bastante confusos. “Mari”, como le dicen los más cercanos, cuenta su testimonio y cómo gracias, según ella, al poder de Dios y a la unión de su familia logró salir de once difíciles meses de prisión, acusada de algo que no cometió.
 El 5 de septiembre de 2012 lo recuerda Marisoliana Colorado todavía como un mal sueño, cargado de imágenes desvanecidas por lo confusos que resultaron los hechos. Dos sujetos aseguraban que ella era alias “Marcela”. Recuerda que comenzaron con preguntas y siguieron  con afirmaciones. Todo ocurrió la noche de su captura.
Esa noche se encontraba comiéndose un pan con gaseosa en la panadería del pueblo, cerca de su humilde vivienda, en el municipio de Villarica, Cauca, cuando sujetos vestidos de civil pero que se identificaron como miembros de la Sijín, de la Policía, la abordaron, le preguntaron su nombre, obviamente ella contestó “Mary”, acto seguido pidieron que les diera su nombre completo, ella dijo “Marisoliana Colorado”, y con voz de acierto concluyeron: Sí, esta es.
Una foto: la única prueba “contundente” de la Fiscalía contra Marisoliana
Marisoliana, con formación en educación preescolar, en ciencias religiosas y actualmente con ocho semestres de Trabajo Social en la Universidad del Valle, de 26 años, madre de un niño de dos años, nunca pensó que lo que comenzó con la pregunta sobre su nombre se convertiría en la permanencia injusta durante once meses en el centro de reclusión para mujeres La Magdalena, ubicado en Popayán.
Desde ese momento, a medida que transcurrieron las horas fue entendiendo que la vinculaban con las Farc y que “Marcela” era el alias con el que supuestamente la identificaban en el grupo al margen de la ley. La única prueba “contundente” que había de los supuestos vínculos de Marisoliana con los subversivos era una foto, que en  las más descabelladas circunstancias le tomaron cuando tenía 12 años.
Marisoliana habló con el periódico EL PUEBLO en su vivienda y narró los hechos. Todavía no se explica cómo y por qué la capturaron. Relata que la famosa foto –que siempre, y por casi un año, fue la única prueba que demostró tener la Fiscalía para acusarla– fue tomada hace 14 años, cuando ella era una niña de 12. “Pertenecía al grupo de danza de mi pueblo, Villarica, se llamaba Changó. Nos reuníamos, ensayábamos y hacíamos presentaciones. Una vez nos invitaron a presentarnos en Toribío y fuimos. Cerca al lugar, un grupo de hombres detuvieron el carro en el que íbamos, nos bajaron y nos llevaron a una vivienda, nos hicieron poner chalecos y nos tomaron fotos, uno a uno. No daban explicaciones, solo nos amenazaban porque nos rehusábamos a hacerlo, por eso salgo en la  foto con cara de brava y con la nariz roja e hinchada como la de un payaso, por llorar”.
La mujer que pertenece desde hace ocho años a una congregación religiosa asegura que esa foto, con más de una década, era lo único que tenía la Fiscalía; sin embargo, inmediatamente fue detenida se hizo el traslado a la ciudad de Popayán. La acusaban de terrorismo y rebelión, de pertenecer al sexto frente de las Farc.
Inmediatamente se procedió a la primera audiencia para la legalización de la captura, le imputaron cargos y le dictaron medida de aseguramiento. Cuenta que convencida de su inocencia, pensó que por muy “enredado” que estuviera todo, podría tardarse un mes en solucionarlo, hasta dos meses, pero nunca pensó que todo se tomaría casi un año. El apoderado de su caso para ese entonces fue un abogado de oficio, quien atendió en primer momento su situación legal.

Marisoliana en la actualidad vive con su familia materna, piensa terminar su carrera de Trabajo Social en la Universidad del Valle. Foto: Luis Alfonso Morales

El esfuerzo de un pueblo a cambio de la libertad de Marisoliana
Mientras Marisoliana, la hija de Yalila Colorado, una mujer que a punta de vender rellenas en una esquina de Villarica demostraba con escasas herramientas que su hija era inocente, (la más grande: el convencimiento de no ser responsable), un pueblo entero se movilizaba detrás del mismo objetivo: demostrar la inocencia de la villarricense, capturada en un operativo donde detuvieron en todo el norte del Cauca a 23 personas por presuntos vínculos con el grupo guerrillero.
La movilización por reclamar su inocencia comenzó inmediatamente con su familia, numerosa y conocida en el municipio, seguida por habitantes de la población, que entendieron que viven en un país donde la integridad toca demostrarla haciendo valer la voz y con recursos para poder tener una buena defensa.
Comenzaron recogiendo firmas en la localidad, lo que serviría como la prueba más que contundente de que mucha gente conocía las cualidades de Marisoliana; luego, siguieron con actividades como ventas de comidas y fiestas de “cuota” en las que recogerían recursos para los gastos que implican no dejar a alguien inocente en un centro de reclusión.
Al mismo tiempo, quien lideraba toda la movilización, la tía de Marisoliana, Berenice Colorado, contactaba a Élmer Montaña, abogado de la fundación Defensa de Inocentes de quien por el momento el país había escuchado que estaba al frente del caso de la excongresista Yidis Medina, vinculada a un secuestro y condenada por este delito.
Berenice cuenta que acudió en búsqueda de Montaña con varios amigos, gente que ya estaba trabajando en la libertad de Marisolina. Llegaron a Cali con esa misión, lograron hablar con el experto en leyes, quien de inmediato asumió el caso. “Estaba claro que no iba a ser fácil, pero ayudó que el abogado creyó en la inocencia de Mary”, afirma Berenice, quien también estudia derecho y está pronta a graduarse.
“La inocencia de Marisoliana era tan obvia como la injusticia cometida contra ella”: abogado Élmer Montaña
La defensa de Marisoliana Colorado no fue exitosa en un inicio; tal vez el desconocimiento del abogado de oficio sobre “Mary” pudo generar una confusión, que donde se hubiera evitado, ella hubiera podido recobrar su libertad, según aseguran sus familiares.
No obstante, asumida la defensa por Montaña, el rumbo del caso volvió a la  normalidad. Comenzaron las actividades de rigor, bastante difíciles, dolorosas para la familia pero más claras en lo que al marco jurídico se refería. Pasó la segunda audiencia para el mes de octubre, y en diciembre se solicitó la revocatoria de la medida de aseguramiento, negada sin razón alguna. “La juez la negó aferrada a una ley que lo prohibía, solo que la ley ya no se encontraba vigente, como para ser tenida en cuenta”, acotó el abogado Élmer Montaña.
Para el 2 de agosto, la defensa, con suficientes argumentos, basándose en la falta de elementos probatorios que vincularan a Marisoliana con el grupo al margen de la ley, solicitó de  nuevo la revocatoria de la medida de aseguramiento. Se hizo la diligencia ante la juez de garantías, que la negó, mientras un juez del circuito de Popayán le dio la razón a la defensa. El temor del abogado Montaña y de otros abogados de la fundación Defensa de Inocentes que apoyaban el caso fue siempre que a Marisoliana le fuera abierto otro proceso, pero esto no pasó.
Marisoliana quedó libre ese día en horas de la noche, salió del centro de reclusión con las pocas cosas con las que había entrado (ropa interior, la Biblia y un cepillo de dientes). “Muchas cosas quedaron adentro, como un regalo para mis compañeras”, declaró. Hoy sigue vinculada al caso porque la Fiscalía insiste en su responsabilidad y presentó, además, acusación en su contra.
Para el ente investigador no han valido las pruebas a su favor, las cartas, las firmas recogidas, los testimonios, pero como dice Marisoliana: “Hoy estoy libre, puedo dormir en mi cama como quiera, porque uno es libre en su propia cama”.

La comunidad del municipio de Villarica le ha realizado varios reconocimientos por su valor durante el tiempo que estuvo privada de la libertad Foto: Luis Alfonso Morales

“Marisoliana, me alegro que haigás llegado”
La expresión se oye comúnmente por estos días en el municipio de Villarica, Cauca, en la casa de quien hoy es considerada una heroína de su comunidad, un pueblo afro con  tradiciones tan arraigadas como el acento de los pobladores. Ha pasado más de una semana y la gente, los pobladores, siguen llegando a saludar a Mary, porque se alegran de que “haiga” llegado.
Marisoliana, ya en libertad, en el calor de su hogar conformado por hermanas, todas mujeres, al lado de su esposo y su hijo asegura que no siente rencor ni siquiera contra el Estado por una captura lejana a toda lógica. Asegura desconocer las leyes, que las conoció gracias a su “viacrucis” y que  eso le basta para confirmar que todo lo que vivió le ayudó para bien.
También menciona que nunca fue maltratada en el centro de reclusión; por el contrario, encontró desde el comienzo colaboración y apoyo de sus más de 200 compañeras, cuya mayoría pagan condenas por fabricación, porte y tráfico de estupefacientes. A muchas de ellas les enseñó a leer y escribir, procurando permanecer ocupada y obsesionada por dejar una huella en quienes compartieron su encierro.
Hoy piensa seguir estudiando, cosa que había descartado en los momentos de desesperanza que por segundos se presentaron mientras estuvo privada de su libertad, además afirma que se vinculará a la fundación Defensa de Inocentes para  trabajar por quienes se encuentran en las cárceles de Colombia viviendo esto mismo.
La mujer no para de agradecer a Dios y, casi de forma ilógica para la razón humana, insiste en que está convencida de que llegó a una cárcel para mujeres, que más bien parecía un colegio por su infraestructura, para algo bueno. Y puntualiza en que no sintió este tiempo, once meses de cárcel, como una pérdida sino como una ganancia.

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