#RPDdeCorea FÁBRICA DE CABLES DE COMUNICACIÓN DE FIBRA ÓPTICA DE PYONGYANG

[KCNA] Los obreros de la Fábrica de Cables de Comunicación de Fibra Óptica de Pyongyang logran éxitos en la producción de cables a ser enviados a distintos sectores.

Noticias RPD de Corea

fuente: https://web.telegram.org/#/im?p=@RPDCorea

Transhumanismo y cibercultura

 

 

¿Cuál es su concepción acerca del transhumanismo y su relación con la práctica de cibercultura que realiza a diario?.

Transhumanismo y cibercultura

Por Javier Lopez

Es indiscutible que uno de  los objetivo primordiales del hombre desde el inicio mismo de la civilización, es la de lograr superar todas las trabas  que la aquejan, que no le permiten superarse como especie, el mejor ejemplo de ello es la figura de nuestro antepasado  “inventando” el fuego, sin saberlo tal vez este fue el primer transhumanista, buscando vencer el frió y espantar las fieras  que lo acechaban.

Porque de acuerdo a la investigación del transhumanismo, este es un concepto  filosófico, de vida, intelectual, científico, que  busca a través del empleo de las tecnologías y las ciencias mejorar  todos aquellos  aspectos  que  ponen en peligro la existencia misma del ser humano, es  entonces una apuesta a mejorar la condición humana, superando todas las barreras que le impiden el disfrute y goce de la vida misma.

la discusión permanente en torno a cómo superar los problemas, nos acerca como humanos, es ahí entonces que juega su papel la cibercultura,   como foro de discusión, de planteamiento de problemas sociales, como fortalecimiento de redes sociales que vencen las distancia,  que nos identifican como iguales, que nos confrontan  con nuestra realidad  y nos permite solidarizarnos, sumarnos a causas que  aunque parezcan ajenas por la distancia, nos conmueven por su desgarradora realidad, pero que también desde estos espacios  podemos conocer de los avances, de los logros de los hombres, de sus luchas y triunfos, es ahí entonces donde vemos la relación de la Cibercultura con el  transhumanismo, en que mejora nuestra capacidad de comunicación y de información, haciéndonos más humanos y más cercanos, la práctica diaria nos lo indica así y tal vez sea precisamente esta universidad, la nacional a distancia, UNAD, con su plataforma, con sus programas on line, los que nos den la mejor  pauta de lo que es el transhumanismo y su relación con la cibercultura, que al finalizar nuestra carrera profesional seremos mejores seres humanos, profesionales, con mayor conocimiento y herramientas para afrontar el competitivo mundo laboral.

#Colombia: Sí es posible el cambio de paradigma

 
 
Es crucial el opúsculo de Kant titulado “la paz perpetua”, que en la adaptación al contexto actual colombiano es la búsqueda de una negociación política que logre parar el conflicto armado y la degradación de la sociedad en el marco de una guerra prolongada.
 
Rubiel Vargas Quintero
El paradigma de una época imbuida en la violencia política, con la instauración de la violencia bipartidista como instrumento para la repartición del poder político por parte del bipartidismo con una ideología común: anticomunista, antisubversiva y la concepción del enemigo interno dentro de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que redefinió el esquema “amigo-enemigo”.
El enemigo político es un enemigo público, no privado. Es un hostil, que puede amenazar la propia existencia. Según Karl Schmitt “el enemigo político es el enemigo real”, esto conduce a criminalizar al enemigo, y por lo tanto a su eliminación total. Esta perspectiva antagónica “enemigo – amigo” conlleva a la destrucción, al odio irracional, a generalizar una racionalidad criminal.
La aniquilación total del enemigo implica la propia desaparición de lo político, el exterminio de la oposición sin ningún criterio de reconocimiento de las causas del conflicto. El conflicto colombiano obedece a cuestiones políticas, económicas y sociales, determinadas por una concepción sobre el Estado, el poder, la apropiación excluyente de la riqueza, la concentración de la propiedad de la tierra, la falta de democracia, la persecución política y la exclusión social, entre otras.
El enemigo que se identificó primero se encontraba en las zonas agrarias y después se desplazó al sector urbano, que sirvió como argumento para la negación de una apertura democrática, de participación política y reafirmó la exclusión del otro frente a sus derechos reivindicatorios sociales y económicos.

La paz perpetua

En el pensamiento acerca del conflicto, la guerra y la paz, frente al conflicto armado en Colombia y su terminación, es crucial el opúsculo de Kant titulado “la paz perpetua”, que en la adaptación al contexto actual colombiano es la búsqueda de una negociación política que logre parar el conflicto armado y la degradación de la sociedad en el marco de una guerra prolongada. El filósofo propone un llamado a la razón para borrar por completo las causas existentes de una futura guerra posible, que es la razón quien toma las decisiones sobre una comunidad política que contraste el ánimo guerrerista de los hombres de estado.
En este marco, la paz es concebida como el fin de todas las hostilidades, es un imperativo moral que se impone por sí mismo ante la razón, bajo el imperativo categórico “no debe haber guerra”. Así, la razón condena la guerra como una situación infame de la humanidad y convierte la paz en un deber moral. Kant insiste: “Que un pueblo diga: no quiero que haya guerra entre nosotros; vamos a constituirnos en un Estado, es decir, a someternos todos a un poder supremo que legisle, gobierne y dirima en paz nuestras diferencias, es comprensible”. Que un pueblo diga esto, es una decisión política correcta en un estricto sentido ético.
La decisión que se asuma en el marco de los acuerdos de La Habana es una decisión ética, la disposición correcta que se tome es una práctica moral, es la única sabiduría práctica, según lo cual debemos obrar para la construcción de una sociedad éticamente viable. La prolongación de la guerra produce degradación en la sociedad que ha dejado más de 220.000 muertos, ocho millones de víctimas, seis millones 900 mil desplazados, 45 mil desaparecidos, el despojo de 4.2 millones de hectáreas a campesinos. Por fuera de las estadísticas se puede encontrar otro aspecto de la degradación de la sociedad, la ética social. Se necesita un nuevo sistema ético. Lo acordado en La Habana brinda la oportunidad histórica de salir de la barbarie que genera la guerra, de la muerte, masacres y nos permite reconstruir el país desde la democracia, la tolerancia, el respeto y la inclusión social.

Cambio de paradigma

El cambio de paradigma significa el cambio de la mentalidad o racionalidad criminal, de la racionalidad del odio y todo problema social que busca su resolución a través de la justicia de la venganza por uno más coherente. Probablemente el uso más común de un nuevo paradigma, implique el concepto de “cosmovisión de comunidades como conjunto de experiencias, de vivencias, de valores, su cultura en comunidad y su contexto histórico, formas de asumir el buen vivir, vida en armonía con la naturaleza, entendido como la plenitud de la vida en comunidad en relación con la naturaleza, es el bienestar en comunidad. El cambio de paradigma que marca un cambio que determina la forma organizativa de una sociedad y cómo interpreta su propia realidad.
Se sientan las bases para la trasformación del campo, que ha sido uno de los ejes fundamentales de los acuerdos de La Habana y se crean las bases de un bienestar y buen vivir para los campesinos, las relaciones campo-ciudad, y la erradicación de la pobreza.
Es la oportunidad para que el país propicie el surgimiento de unas nuevas élites políticas sin corrupción de la mafia política, un sistema político incluyente, la creación de nuevos partidos y movimientos políticos, de movimientos sociales aislados, que han sido excluidos, el retorno a una política social y democrática que desarrolle políticamente lo correcto, el bien común.
El sistema se ha basado en un ordenamiento de exclusión social, que tiene como principio la negación de oportunidades. La construcción del tejido social entendido como aquello que pertenece a una comunidad, con rasgos identitarios, con una misma cultura, con una misma tradición, con principios de solidaridad, con respeto a lo diverso. Son algunas transformaciones que el país necesita para generar una nueva mentalidad ética para la convivencia en comunidad.

Nadie quiere hablar de Salvador Allende

“Sin pensarlo, Salvador Allende abrió en su familia dos puertas que no estaban siquiera construidas: la del silencio y la del suicidio”.

 

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Hortensia Bussi y Salvador Allende con sus nietos

Nadie quiere hablar de él. Él, que firmaba las fotos de sus nietas con una letra pegada y terriblemente perfecta: “A mi súper nieta Maya, a quien quiero con locura. Chicho”. Él, que desde 1953 hasta 1970 iba a almorzar todos los días a su casa: Guarda Vieja 392. Él, que dejaba hablar a los jóvenes en la mesa: “Que hablen. Quiero contagiarme de la sabiduría juvenil”. Él, que tuvo tantos amores y sólo uno, sin embargo. Él, que se paraba en la entrada de su casa, erguido y con el bigote siempre —siempre— pulido, y gritaba: “Qué hermosa vienes, señora Allende”. Él, que en medio de conversaciones políticas aullaba: “Señora Allende, señora Allende: no se interrumpe”. Él, que nunca habló de su papá, ni de su mamá, ni de su escuela. Él, que hipotecó y vendió y cedió todo lo que tenía para obtener lo único que quería. Él. El eterno presidente. El indestructible. El que sostuvo un arma debajo de su mentón el 11 de septiembre de 1973 y la disparó de un golpe seco. Dos orificios. Él, que con su muerte mató a tres más. Él, que se convirtió en una imagen fija, un busto, un símbolo. ¿Por qué nadie quiere hablar de Salvador Allende?

Silencio

Era el verano de 2007 y Marcia Tambutti, nieta de Salvador Allende, viajó a Chile para pasar vacaciones con su familia. Vivía en México, mientras su abuela, su tía y dos de sus primas vivían en Santiago. La casa de la Tencha, su abuela, estaba atiborrada de fotografías y pinturas. No había una sola pared limpia: era un museo. El museo de Salvador Allende. “A mi abuelo lo conocí por afiches. Su cara estaba en las casas de los que, como nosotros, sufrieron el destierro. Desde que tengo memoria todos los 11 de septiembre se le hacen homenajes a mi abuelo y al proyecto de sociedad que él lideraba y que fue destruido por un violento golpe de Estado. Para mí, él era una imagen fija. Nunca oí a nadie criticarlo. Ni siquiera podía imaginarlo de cuerpo entero. Aunque mi familia se dedicó a difundir por el mundo la violación de los derechos humanos en Chile y el legado de mi abuelo, lo paradójico era que en nuestra intimidad nadie hablaba de él”.

 

Durante esa visita, Tambutti se dio cuenta de que su familia no respondería ninguna pregunta hecha al azar sobre Allende. Decidió satisfacer esa necesidad para entender de dónde venía y realizó el documental Allende, mi abuelo Allende, que se estrenó este año y ganó en Cannes el premio a mejor cinta de no ficción.

Sabía que nadie iba a responder las preguntas que tenía desde los nueve años, cuando regresó a Chile y conoció La Moneda. Cuando todos le decían: “Ahí se sentaba tu abuelo”, “en esa mesa leía”. Fue la primera vez que le preguntó a Isabel Allende, su madre, qué le había pasado al Chicho, como le decían en la familia a Salvador Allende. Ella se ahogó en un llanto inclemente, en un llanto que parecía haber esperado años para salir. Esa se convirtió en la respuesta a cualquier pregunta referente a Allende: las lágrimas.

Tambutti estaba cansada de las anécdotas repetidas. Hay recuerdos que parecen ser fabricados como estrategia para mitigar el dolor. Son esas imágenes que, verdaderas o falsas, ocultan las escenas reales. Se convierten en las tablas que tapan un cráter de un edificio: a cualquier paso se rompen y queda el abismo. Ella necesitaba recuperar a su abuelo; su familia, en cambio, no quería recordar.

“Creo que durante la dictadura mi familia se desdobló: había una responsabilidad política por mantener vivo su legado, sus ideales, su figura. Era más fácil hablar del presidente que del padre al que extrañas. Mi madre hablaba del Salvador Allende presidente, pero nunca decía mi padre. Todo era político. Lo más relevante era recuperar la democracia en Chile. No había espacio para contar historias personales sino para luchas más épicas”, cuenta.

Isabel Allende, la tercera hija de Salvador y Hortensia Bussi, lo confirma: “Nosotras crecimos medio raras. Nos acostumbramos a que siempre estábamos volcados al mundo político, a la coyuntura, a la campaña: la que había terminado, la que iba a comenzar. No había tiempo para recordar a la familia”.

Nadie quería hablar, pero todos lo extrañaban.

“Cuando los exiliados íbamos a la Casa de Chile, había un hombre que me decía que yo me parecía mucho a mi abuelo. Me subía a una silla y gritaba: ‘Ya llegó la Chicha’. Él tenía unos lentes con un marco negro, parecidos a los de mi abuelo. Me los ponía y pedía a todos que vinieran a verme, que vinieran a ver a la Chicha. En las reuniones siempre cantábamos la música icónica de la Unidad Popular. Había una canción que me llamaba la atención: Venceremos. Mientras coreaban todos lloraban. Yo siempre pensaba que no tenía sentido cantarla. Que a nosotros ya nos habían vencido”, recuerda Tambutti.

Salvador Allende fue una máquina de la política. Toda su vida giró en torno al poder. Su familia era su principal aliada. No tuvo hijas: tuvo secretarias, parlamentarias, diputadas. Su esposa se mantuvo alejada de las declaraciones en público, pero siempre lo acompañó en sus batallas electorales. Ni a ella ni al resto de la familia les pidió ni les preguntó nada. Simplemente las involucraba y les demostraba que eran pieza fundamental en el éxito de la Unión Popular, de la revolución. La familia Allende Bussi era un pulpo: Allende la cabeza, el resto los tentáculos. Cuando murió Allende, los miembros parecieron haberse desperdigado por el océano.

En 1937, Allende fue candidato a diputado por el estado de Valparaíso; en 1945, al Senado por las Provincias del Sur; en 1952, por primera vez, se lanzó a presidente y perdió. Ese año sufrió su primera derrota. Una de sus amigas le recomendó escribir sus memorias o plantar el jardín, y él, de un salto, se levantó del sofá y puso ese tono de voz que podía romper paredes: “Pero ¿tú qué te crees? Yo pensando cómo financiar la próxima campaña y vos pensando en jardines”. En 1953 se postuló como senador por las Provincias del Norte. En 1958 a presidente por segunda vez y perdió. Todos empezaron a dudar. En 1961 se lanzó al Senado por la Zona Central. En 1964 a presidente por tercera vez y volvió a perder. En 1968 fue senador, nuevamente, por las Provincias del Sur y, como un toro que se resiste a morir en la arena, en 1970 se lanzó por cuarta vez a la Presidencia. Ganó. Llegó al poder cuando tenía 62 años.

Suicidio

Sin pensarlo, Salvador Allende abrió en su familia una puerta que no estaba siquiera construida: el suicidio.

Allende nunca se permitió perder por completo. Sabía que nunca moriría a manos de la oposición y que él mismo se quitaría la vida con tal de que ellos no sintieran que habían ganado. Nunca pensó que el 11 de septiembre de 1973 se atreverían a bombardear La Moneda. Estaba convencido de que, por mucho odio que existiera, las Fuerzas Armadas no se atreverían a tocarla y destruirla, por el símbolo que era. Sin embargo pasó. Las tropas entraron al edificio y mantuvieron durante cuatro horas un constante ataque a la habitación en la que estaba el presidente y las personas más cercanas que decidieron quedarse junto a él. Durante el golpe, Tencha, la esposa de Allende, estaba en la casa presidencial Tomás Moro. Los mismos aviones que bombardearon el Palacio de Gobierno la bombardearon a ella. La memé, como la llamaban sus nietos, escapó con dificultad sin saber que su esposo ya estaba muerto.

Beatriz, la Tati, la hija menor de Allende, que tenía siete meses de embarazo de su hijo Alejandro, y su hermana Isabel fueron a La Moneda. Ambas querían resistir al lado de su padre. Allende mandó que las sacaran del edificio, les ordenó que se fueran. Los tres sabían que era la última vez que iban a estar juntos. Al día siguiente los militares trasladaron a Tencha a un cementerio a más de 100 km de Santiago. Le dieron un ataúd sellado y la obligaron a enterrar el féretro sin ver, sin comprobar que quien estaba dentro era Salvador Allende. Pusieron un nombre falso en la lápida y toda la familia se fue de Chile.

“Volví a Chile 35 años después del golpe, con la esperanza de que el paso del tiempo hubiera ayudado a sanar las heridas. Que yo ya estuviera lista para hablar no significó que mi familia también lo estuviera. Me había propuesto entender qué dolores habían empujado a mi familia a protegerse tanto y por qué razones no hablábamos. Creo que el dolor más fuerte entre nosotros era la muerte de La Tati”, cuenta Tambutti.

La Tati fue la secretaria personal de su papá. Su amiga, su mano derecha. La hija revolucionaria de Allende fue médica y una de las cabezas del movimiento socialista en Chile. La relación entre ambos superaba el amor de padre e hija. Los unía la revolución, la idea de unir un pueblo. Ella conocía a las amantes de su papá y, sin embargo, nunca se le oyó un reclamo. La Tati se exilió en Cuba luego del golpe. Se fue y delante de un monstruo de multitud en la Plaza de la Revolución, donde conoció al Che Guevara, dijo que lucharía por unir a la izquierda chilena. También que su padre —era la primera vez que lo llamaba así en público— no había muerto en vano. Que ella seguiría con la lucha. Y mientras hablaba, el rostro se le iba convirtiendo en una herida abierta. La mirada se le fue perdiendo.

Ella aprendió e hizo suyo el concepto de su padre: el auténtico revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. Tiene que existir el amor al pueblo, a las causas más sagradas. Se debe ser heroico y ético. Un revolucionario no se podía —no se puede— deprimir. Pero quedó paralizada por aquel 11 de septiembre. No supo cómo seguir viviendo en un mundo en el que Chicho ya no estaba. Se disparó en la cabeza como su padre, cuatro años después del golpe. Un martes 11, como su padre.

Luego Laura Allende.

La hermana menor y más cercana a Chicho también se exilió en Cuba en los 70, después de haber sido prisionera en un centro de tortura. La influencia de Allende la acercó a la política y fue diputada del Partido Socialista antes del golpe. Ocho años después se quitó la vida saltando al vacío desde un edificio cualquiera. Tenía cáncer terminal y quería morir en Chile, pero los militares le negaron el permiso para entrar. Su muerte, como la de su hermano, fue un gesto de denuncia contra la dictadura.

Y Gonzalo.

Nada tuvo que ver el suicidio de Gonzalo Meza Allende con su abuelo. El primero de la familia en volver a Chile y el único nieto en tener recuerdos propios de él. Siempre fue el conciliador en la familia. Una vez, en una entrevista en la televisión nacional chilena, Meza le dio la mano a la nieta de Augusto Pinochet y, en otra declaración, a dos días de la muerte del dictador, sostuvo: “Se puede celebrar una muerte, pero yo no puedo. Yo he preferido respetar el funeral y el dolor de la familia Pinochet”. Pero la muerte se presenta de maneras misteriosas. Su esposa, la también socialista Gema Salazar, falleció en 2009 a causa de una leucemia que padecía desde hacía más de un año. La única promesa que le hizo a su esposa fue que seguiría viviendo, tratando de ser feliz. Una promesa parecida a la que le hizo la Tati a su papá: seguir luchando. En ambos casos la promesa fue rota.

El suicidio fue la única forma de librarse del peso de existir. Marcia Tambutti, su hermana, fue quien encontró el cadáver en su apartamento: rodeado de pastillas. Y ella quiso huir. Quiso saltar las paredes. Volverse invisible. Recordó el recién abierto caso de su abuelo y de la Tati y de Laura en su documental. Se preguntó si era justo y se respondió al mismo tiempo que no. Que la vida no es justa, que la vida pasa: es. Pensó en la maldición de su familia. Pensó en el dolor, en el silencio de su abuela y de sus tías. Quiso callarse como ellas. Y lo entendió por fin. Que hay dolores que es preferible dejar intactos.

#HastaSiempreComandante VIEJO, MI QUERIDO VIEJO, MI QUERIDO FIDEL-2

 
 
VIEJO, MI QUERIDO VIEJO, MI QUERIDO FIDEL
Javier Lopez B
En: el que piensa gana
Escrito el 23 de noviembre de 2008
 
 
 
Se frotan las manos los gusanos,( no solo los de Miami), y hacen cuentas alegres de la tan esperada fecha en que se anuncie el fallecimiento del compañero Fidel, ya me los imagino celebrando a lo grande, embriagándose con su propio veneno, revolcándose en su estercolero, a cada foto o video publicado en donde aparece Fidel recibiendo a algún ilustre visitante, se siguen en sus páginas web, en sus blogs, en sus numerosos medios de comunicación, los más insultantes comentarios, los cuales no vale la pena repetir aquí ( ni le vamos a hacer el favor de hacerlo), comentarios denigrantes y burlescos sobre la figura del comandante, olvidándose a lo mejor en que condiciones se pueden encontrar sus propios viejos, se olvidan que Fidel a sus ochenta y tantos años, conserva algo fundamental , valiosísimo, su claridad política y social, su mentalidad lucida, que aun pese a sus quebrantos de salud, continua aportando conceptos valiosísimos, que refleja la preocupación por el futuro de la humanidad, y demostrando que Fidel es Fidel. Pero además de ello, hay algo inocultable, Fidel es de esos hombres que nunca mueren y aun faltando físicamente, su legado, su lucha, sus aportes ideológicos permanecerán por siempre, su querida presencia, como la del che, nos acompañara siempre, siempre.
 
Pobres gusanos, podrán resistir eso?
 
 
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El #Neoliberalismo: “causante de la soledad y el desmoronamiento de la sociedad”

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Las epidemias de enfermedades mentales están aplastando las mentes y los cuerpos de millones de personas. Es hora de preguntarse… hacia dónde nos dirigimos y por qué?

Por George Monbiot columnista de “The Guardian” de Inglaterra
¿Qué mayor acusación a un sistema puede haber que una epidemia de enfermedades mentales? Sin embargo, las plagas de ansiedad, estrés, depresión, fobia social, trastornos de la alimentación, la auto-lesión y la soledad, ahora golpean a la gente en todo el mundo. Las últimas cifras de la salud mental de los niños en Inglaterra son catastróficas y reflejan una crisis global .

Hay un montón de razones secundarias por las cuales aparecen estas dificultades, pero me parece que la causa subyacente es la misma en todas partes: los seres humanos, esos mamíferos ultra-sociales, cuyos cerebros están diseñados para responder empaticamente a otras personas, se están aislando aparte. El cambio económico y tecnológico juegan un papel importante, pero también lo hace la ideología. Aunque nuestro bienestar está intrínsecamente ligada a la vida de otros, en todas partes se nos dice que vamos a prosperar a través del auto-interés competitivo y el individualismo extremo.

En Gran Bretaña, los hombres que han pasado toda su vida en cuadriláteros tales como – la escuela, la universidad, los bares, el parlamento – nos enseñan continuamente a como mantenernos de pie. El sistema educativo se vuelve más brutalmente competitiva cada año que pasa. El empleo es una lucha hasta el borde de la muerte contra una multitud de otras personas desesperadas, que van en busca de menos puestos de trabajo disponibles. Los supervisores de los pobres modernos atribuyen la culpa individual a las circunstancias económicas que se viven. Un sinfín de competencias por televisión alimentan, imposibles aspiraciones de contratos que ofrezcan una oportunidad real.

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El Consumismo llena el vacío social. Pero lejos de curar la enfermedad del aislamiento, se intensifica la comparación social hasta el punto en el que, después de haber consumido todo lo demás, empezamos a hacer presa en nosotros mismos. Los medios sociales nos une y que nos separa, lo que nos permite cuantificar con precisión a nuestra posición social, y para ver que otras personas tienen más amigos y seguidores que nosotros.

Como Rhiannon Lucy Cosslett ha documentado de manera brillante, las niñas y las mujeres jóvenes rutinariamente alteran las fotos que publican para verse más suave y más delgado. Algunos teléfonos, utilizando sus ajustes de “belleza”, lo hacen por usted sin pedir; ahora uno puede convertirse en su propia inspiración de belleza. Bienvenidos a la distopía post-hobbesiana: una guerra de todos contra sí mismos.

No es de extrañar, en estos mundos internos solitarios, en los que tocar ha sido sustituido por el retoque, que las mujeres jóvenes se están ahogando en la angustia mental? Una encuesta reciente en Inglaterra sugiere que una de cada cuatro mujeres de entre 16 y 24 años se han perjudicado a sí mismos, y uno de cada ocho ahora sufren de trastorno de estrés post-traumático. Ansiedad, depresión, fobias o trastorno obsesivo compulsivo afecta a 26% de las mujeres en este grupo de edad. Esto es lo que mas se parece a una crisis de salud pública.

Si la ruptura social no se trata tan seriamente como a un miembro roto, es porque no podemos verlo. Pero los neurocientíficos pueden. Una serie de trabajos fascinantes sugieren que el dolor social y dolor físico son procesados por los mismos circuitos neuronales. Esto podría explicar por qué, en muchos idiomas, es difícil de describir el impacto de la ruptura de enlaces sociales sin las palabras que utilizamos para denotar el dolor y lesiones físicas. En los seres humanos y otros mamíferos sociales, el contacto social reduce el dolor físico. Es por esto que nos abrazamos a nuestros hijos cuando hacen daño a sí mismos: el afecto es un poderoso analgésico. Los opioides alivian tanto el dolor físico como la angustia de la separación. Tal vez esto explica la relación entre el aislamiento social y la adicción a las drogas.

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Los experimentos se resumen en la revista Fisiología y Comportamiento (the journal Physiology & Behaviour)del mes pasado Y sugieren que, Al darle una elección de dolor físico o aislamientoa mamiferos, Los mamíferos sociales elegirán primero el astigo fisico. Los monos capuchinos sometidos a inanición, privadolos de alimentos o privandolos del contacto con otros monos durante 22 horas, prefieren volver a unirse a sus compañeros antes de comer. Los niños que sufren negligencia emocional, de acuerdo con algunos hallazgos, sufren peores consecuencias para la salud mental que aquellos niños que sufren junto a la negligencia emocional tambien abuso físico. Aunque parezca odioso, la violencia fisica implica la atención y el contacto. La auto-lesión se utiliza a menudo como un intento de aliviar la angustia: este es otro indicio de que el dolor físico no es tan malo como el dolor emocional. A tal medida que el sistema penitenciario sabe muy bien, que una de las formas más eficaces de la tortura es la incomunicación.

No es difícil ver cuáles podrían ser las razones evolutivas para el dolor social. La supervivencia de los mamíferos sociales es mucho mayor cuando están fuertemente unidos con el resto de la manada. Se trata de los animales aislados y marginados que son más susceptibles de ser interceptado por los depredadores, o morir de hambre. Al igual que el dolor físico que nos protege de daño físico, dolor emocional nos protege de lesiones social. Que nos impulsa a volver a conectar. Sin embargo, muchas personas encuentran esto casi imposible de hacer.

No es sorprendente que el aislamiento social está fuertemente asociado con la depresión, el suicidio, la ansiedad, el insomnio, el miedo y la percepción de amenaza. Es más sorprendente descubrir la gama de enfermedades físicas que causa o exacerba, enfermedades tales como La demencia, la presión arterial alta, enfermedades del corazón, accidentes cerebro-vasculares, disminuye la resistencia a los virus, incluso los accidentes son más comunes entre las personas crónicamente solitarias. La soledad tiene un impacto comparable sobre la salud física a fumar 15 cigarrillos al día: parece aumentar el riesgo de muerte prematura en un 26%. Esto es en parte debido a que aumenta la producción de la hormona del estrés cortisol, que suprime el sistema inmunológico.

Los estudios en animales y en humanos sugieren una razón para la comodidad de comer: el aislamiento reduce control de los impulsos, lo que lleva a la obesidad. Como las personas que están en la parte inferior de la escala socioeconómica son los más propensos a sufrir de soledad, podría proporcionar esta una de las explicaciones para el fuerte vínculo entre el bajo nivel económico y la obesidad?

Cualquiera puede ver en todos estos síntomas y enfermedades cosas más importantes, que el hecho de preocuparse por que algunas cosas han ido mal. Así que ¿por qué estamos participando en este mundo de auto-fagotización de consumo con un frenesí de destrucción del medio ambiente y la dislocación social, si lo único que todo esto produce es el dolor insoportable? Acaso no debería estar pregunta quemarle los labios, a cuanta persona este involucrada en la vida pública?

EL DESPROPÓSITO MEDIÁTICO DEL RÉGIMEN COLOMBIANO CUÁL ES EL VALOR DE LA SOBERANIA DEL PUEBLO AL INTERIOR DE LA DEMOCRACIA COLOMBIANA?...

Hay algunas maravillosas organizaciones benéficas haciendo lo que pueden para luchar contra esta enorme marea, estare trabajando con algunas de ellas como parte de mi proyecto personal de soledad. Pero por cada persona a la cual estas organizaciones llegan, hay muchas otras que yan han sido barridas al pasado.

Esto sin lugar a duda no requiere una respuesta política. Se requiere algo mucho más grande: se requiere la revalorización de toda una visión del mundo. De todas las fantasías que entretienen a los seres humanos , la idea de que podemos hacerlo solo es la más absurda y tal vez la más peligrosa. o nos juntamos o caeremos destruidos en pedazos.

tomado de: http://www.proyecto33.com/el-neoliberalismo-causante-de-la-soledad-y-el-desmoronamiento-a-la-sociedad/

Neoliberalismo, violencia y explotación

 
Por: Gerardo Esteban Vargas*
En su obra “Breve historia del neoliberalismo”, David Harvey, describe la genealogía del neoliberalismo como un modelo de imposición ideológica de una minoría oligárquica de privilegios políticos, sociales y económicos.
Harvey deduce que no se trata de una adaptación natural, ni mucho menos basada en ética o moral, ni de una respuesta técnicamente neutra a las dificultades experimentadas por las economías occidentales y por las estrategias de desarrollo del Sur global tras la crisis de la década de 1970. El neoliberalismo fue una contundente y articulada respuesta política concebida por las clases dominantes globales para disciplinar y restaurar los parámetros de explotación considerados «razonables» tras la onda de luchas que recorrieron el planeta tras la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con el análisis efectuado por Harvey, el objetivo del neoliberalismo era modificar el equilibrio político y la relación de fuerzas existente en el conjunto de la economía-mundo capitalista recurriendo para ello a todo el arsenal de la violencia económica, estatal y militar.
 
La estrategia neoliberal somete a todas las relaciones sociales para que sean gobernadas por la violencia de clase. La violencia de los mercados debe conjugarse con la violencia política, militar, ideológica y estatal si las transformaciones nacionales y globales han de encontrar una misma unidad de proyecto y de diseño estratégico. Lejos de debilitar el Estado, la estrategia neoliberal supone, pues, una reinvención de su violencia estructural para modificar en beneficio de las clases dominantes los parámetros de convivencia social y de dominación política.
Los conflictos y el aumento del hambre
El neoliberalismo ha utilizado la violencia como medio de dominio, y ha logrado en los últimos tiempos engendrar conflictos prolongados1, los cuales han afectado directamente a más de 17 países y han llevado a millones de personas a una grave situación de inseguridad alimentaria , obstaculizando así los esfuerzos mundiales para erradicar la malnutrición.
Lo anterior indica que los conflictos han empujado a más de 56 millones de personas a niveles de “crisis” o “emergencia” de inseguridad alimentaria, y en los países que emergen de largos períodos de conflictos civiles, como los de la República Centroafricana y Colombia, millones de personas se enfrentan todavía a niveles elevados de inseguridad alimentaria.
El Director General de la FAO, José Graziano da Silva y la Directora Ejecutiva del PMA, Programa Mundial de Alimentos, Ertharin Cousin, afirman que “los conflictos son una de las principales causas del hambre: cada hambruna en la era moderna se ha caracterizado por un conflicto”, poniendo de relieve cómo el hambre alimenta la violencia e impulsa una mayor inestabilidad.
“Hacer frente al hambre puede ser una contribución importante a la consolidación de la paz”, argumentan, y aseguran que: “la Agenda 2030 reconoce la paz como una condición de valor umbral vital para el desarrollo, así como un resultado del desarrollo por derecho propio”.
 
La alternativa al neoliberalismo se llama “conciencia”
El escritor José de Sousa Saramago2 anotaba que hay algo que debe preocuparnos enormemente, “lo que se está preparando en el planeta, es sencillamente un mundo para los ricos y los poderosos. Debemos percatarnos que cada vez más, nuestra sociedad está orientada al disfrute y al beneficio de los ricos y de los influyentes, y en ese contexto, los pobres son los olvidados o rezagados de siempre”.
Además decía que como respuesta hay que tener conciencia argumentando que “esto es en lo que debemos formarnos todos los días, en la reflexión, en el debate, en el análisis, en la profundización de las circunstancias, en las propuestas novedosas y sugerentes. Conciencia respecto de que todos somos seres humanos. Conciencia respecto de que todo lo que está en el mundo nos pertenece, como responsabilidad, como derecho a saber, como derecho a intervenir, como derecho a modificar en sustancia y en operatividad”.
Por lo tanto, la conciencia se refuerza y se profundiza en el trabajo, en la acción, en el debate, en el intercambio de ideas, en la reflexión participativa. Necesitamos comprender y entender el mundo en el que estamos viviendo, y también necesitamos comprender y entender cómo podemos intervenir en la sociedad para cambiar a mejor el presente estado de cosas.
* Economista Investigador del Centro de Estudios e Investigaciones Sociales (CEIS).
1 http://www.fao.org/news/story/es/item/427432/icode (Consultado el 3 de agosto de 2016).
2 José de Sousa Saramago, escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. En 1998 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura.