#EEUU: El crimen atroz de Sacco y Vanzetti

 

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Bartolomeo Vanzetti (segundo de derecha a izquierda) y Nicola Sacco (al extremo derecho), interpretados en la película de Peter Miller

Carlos A. Lozano Guillén

Nicola Sacco y Bartolo­meo Vanzetti, dos emigrantes italianos, fueron ejecutados en la silla eléctrica, el 23 de agosto de 1927, hace 89 años, en South Braintree, Masachussets, Estados Unidos, después de un infame proceso judicial, originado en la acusación de ser responsables de un atraco y del asesinato de un vigilante de una prestigiosa empresa capitalista. El juicio y la condena desataron protestas y manifestaciones en todo el mundo.

Sacco y Vanzetti pasaron a la historia. Los inmortalizó Giuliano Montaldo en una impresionante película, estrenada en 1971, en donde demostró que fue un crimen atroz por medio del cual el sistema estadounidense quiso cobrarles a los dos su militancia revolucionaria. El fiscal los acusó de comunistas. Estaba fresca la victoria de la Revolución de Octubre y en la antigua Rusia de los zares, el partido bolchevique con Lenin a la cabeza, comenzaba, desafiante, a construir el socialismo. Era una herejía para el entonces naciente capitalismo de los Estados Unidos.

Sacco y Vanzetti eran militantes revolucionarios, se proclamaban anarquistas, estaban contra el capitalismo y querían otro mundo posible. Eran tiempos difíciles, de formación de las organizaciones revolucionarias y de múltiples complejidades en la lucha popular y de masas.

Después de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos estaba preso de su prepotencia, de su carrera a convertirse en la primera potencia mundial de occidente y no estaba dispuesto a tolerar que unos judíos italianos proclamaran la existencia de ideas revolucionarias y que se llamaran a sí mismos anarquistas.

El juicio fue una farsa. No hubo pruebas concretas, menos lo que hoy se llama el debido proceso. En todas las latitudes se reconoció como una violación de los derechos civiles, los mismos que se violan todos los días en la potencia yanqui y que es calificada por los lacayos de todos los pelambres como la más perfecta democracia en el mundo. La democracia que no vaciló en botar sobre Hiroshima y Nagasaki la bomba atómica, que dejó miles y miles de muertos y horribles secuelas en sus generaciones posteriores. Las que fueron visitadas hace pocas semanas por el presidente Barack Obama sin que tuviera el coraje de pedir perdón por el holocausto y el daño causado.

La democracia que revelaron los informes del Congreso en 1975, que no vaciló en poner en práctica un programa criminal del FBI, conocido como Counter Intelligence Program, programa de contrainteligencia que le permitía a sus agentes irrumpir en casas y oficinas para implantar micrófonos de forma ilegal y hasta ejecutar asesinatos. Y en 1969 el FBI colaboró con la policía de Chicago para asesinar a dos líderes de “Panteras Negras”. Siempre con licencia para matar. La democracia que invade a otros países con falsos argumentos como las armas químicas en Irak que nunca aparecieron. La democracia que impuso el criminal bloqueo contra Cuba y auspició el golpe militar fascista en Chile en 1973. La democracia que fomenta la barbarie en el cercano oriente y en todas las latitudes.

Veintiséis años después, en plena guerra fría y en desarrollo del anticomunismo de Maccarthy, fueron también llevados a la silla eléctrica, el 19 de junio de 1953, los esposos, Ethel y Julius Rosenberg, militantes comunistas, acusados de entregar información secreta atómica a la Unión Soviética. El testigo David Greenglass, hermano de Ethel, reconoció en 2001 que había cometido perjurio al acusar con falsedad a su hermana y a su cuñado. Jean Paul Sartre, en 1953, calificó la ejecución de los esposos Rosenberg como “linchamiento legal”.

Celestino Madeiros, un portugués preso junto a Sacco y Vanzetti, reconoció que había sido el autor del robo y del asesinato por el que juzgaron a Sacco con el que tenía enorme parecido, pero nada de eso sirvió para abrir de nuevo el juicio contra los dos trabajadores: Sacco, zapatero y Vanzetti, pescador. En 1977 el Gobernador de Masachussets declaró que Sacco y Vanzetti fueron ejecutados a pesar de ser inocentes y se mostró partidario de reivindicar sus nombres.

Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron electrocutados por un crimen que no cometieron. “La democracia” de Estados Unidos no les perdonó que fueran revolucionarios y anarquistas que luchaban contra el capital. Prefirió asesinarlos, no toleró su condición ideológica. También fueron linchados “legalmente”.

https://www.semanariovoz.com/2016/08/05/el-crimen-atroz-de-sacco-y-vanzetti/

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FALSOS POSITIVOS JUDICIALES EN COLOMBIA: EL TESTIMONIO DE MARISOLIANA COLORADO

Introducción por Javier Lopez:
En Colombia  el gobierno criminal del  dúo Alvaro Uribe-Juan Manuel Santos no solo impuso al país los falsos positivos como un acto criminal en donde se ejecutaba extra-judicialmente a ciudadanos humildes, jóvenes sin empleo, para hacerlos pasar por guerrilleros y así cobrar  no solo jugosos premios sino también inmerecidos  ascensos,  dentro de esta política criminal, la detención de diversas personas por lo general de extracción humilde como es el caso de Marisolina Colorado para hacerlas pasar por integrantes de grupos guerrilleros en la mayoría de los casos pero también de delincuencia común,  tenia como objetivo “mostrar resultados”, con estas detenciones masivas o individuales como es el caso en  mención, también llamadas por la población “detenciones milagrosas”  se buscaba ademas   obtener prebendas, las cuales generaron  un proceso de corrupción y descomposición  dentro de las instituciones militares, de policía y organismo de inteligencia.
por suerte para Marisolina el proceso judicial llego a feliz resultado con su liberación, sin embargo muchos colombianos no han contado con la misma suerte, están en las cárceles pagando injustas condenas o muertas.
la siguiente es  información dehttp://elpueblo.com.co/el-caso-de-marisoliana-colorado/

Hoy Marisoliana Colorado camina libre de la mano de su hijo de dos años por el pueblo que la vio nacer, Villarica, Cauca. Foto: Luis Alfonso Morales

El  2 de agosto recuperó su libertad una mujer de procedencia humilde, de 26 años, acusada de tener vínculos con las Farc, quien fue capturada en medio de hechos bastante confusos. “Mari”, como le dicen los más cercanos, cuenta su testimonio y cómo gracias, según ella, al poder de Dios y a la unión de su familia logró salir de once difíciles meses de prisión, acusada de algo que no cometió.
 El 5 de septiembre de 2012 lo recuerda Marisoliana Colorado todavía como un mal sueño, cargado de imágenes desvanecidas por lo confusos que resultaron los hechos. Dos sujetos aseguraban que ella era alias “Marcela”. Recuerda que comenzaron con preguntas y siguieron  con afirmaciones. Todo ocurrió la noche de su captura.
Esa noche se encontraba comiéndose un pan con gaseosa en la panadería del pueblo, cerca de su humilde vivienda, en el municipio de Villarica, Cauca, cuando sujetos vestidos de civil pero que se identificaron como miembros de la Sijín, de la Policía, la abordaron, le preguntaron su nombre, obviamente ella contestó “Mary”, acto seguido pidieron que les diera su nombre completo, ella dijo “Marisoliana Colorado”, y con voz de acierto concluyeron: Sí, esta es.
Una foto: la única prueba “contundente” de la Fiscalía contra Marisoliana
Marisoliana, con formación en educación preescolar, en ciencias religiosas y actualmente con ocho semestres de Trabajo Social en la Universidad del Valle, de 26 años, madre de un niño de dos años, nunca pensó que lo que comenzó con la pregunta sobre su nombre se convertiría en la permanencia injusta durante once meses en el centro de reclusión para mujeres La Magdalena, ubicado en Popayán.
Desde ese momento, a medida que transcurrieron las horas fue entendiendo que la vinculaban con las Farc y que “Marcela” era el alias con el que supuestamente la identificaban en el grupo al margen de la ley. La única prueba “contundente” que había de los supuestos vínculos de Marisoliana con los subversivos era una foto, que en  las más descabelladas circunstancias le tomaron cuando tenía 12 años.
Marisoliana habló con el periódico EL PUEBLO en su vivienda y narró los hechos. Todavía no se explica cómo y por qué la capturaron. Relata que la famosa foto –que siempre, y por casi un año, fue la única prueba que demostró tener la Fiscalía para acusarla– fue tomada hace 14 años, cuando ella era una niña de 12. “Pertenecía al grupo de danza de mi pueblo, Villarica, se llamaba Changó. Nos reuníamos, ensayábamos y hacíamos presentaciones. Una vez nos invitaron a presentarnos en Toribío y fuimos. Cerca al lugar, un grupo de hombres detuvieron el carro en el que íbamos, nos bajaron y nos llevaron a una vivienda, nos hicieron poner chalecos y nos tomaron fotos, uno a uno. No daban explicaciones, solo nos amenazaban porque nos rehusábamos a hacerlo, por eso salgo en la  foto con cara de brava y con la nariz roja e hinchada como la de un payaso, por llorar”.
La mujer que pertenece desde hace ocho años a una congregación religiosa asegura que esa foto, con más de una década, era lo único que tenía la Fiscalía; sin embargo, inmediatamente fue detenida se hizo el traslado a la ciudad de Popayán. La acusaban de terrorismo y rebelión, de pertenecer al sexto frente de las Farc.
Inmediatamente se procedió a la primera audiencia para la legalización de la captura, le imputaron cargos y le dictaron medida de aseguramiento. Cuenta que convencida de su inocencia, pensó que por muy “enredado” que estuviera todo, podría tardarse un mes en solucionarlo, hasta dos meses, pero nunca pensó que todo se tomaría casi un año. El apoderado de su caso para ese entonces fue un abogado de oficio, quien atendió en primer momento su situación legal.

Marisoliana en la actualidad vive con su familia materna, piensa terminar su carrera de Trabajo Social en la Universidad del Valle. Foto: Luis Alfonso Morales

El esfuerzo de un pueblo a cambio de la libertad de Marisoliana
Mientras Marisoliana, la hija de Yalila Colorado, una mujer que a punta de vender rellenas en una esquina de Villarica demostraba con escasas herramientas que su hija era inocente, (la más grande: el convencimiento de no ser responsable), un pueblo entero se movilizaba detrás del mismo objetivo: demostrar la inocencia de la villarricense, capturada en un operativo donde detuvieron en todo el norte del Cauca a 23 personas por presuntos vínculos con el grupo guerrillero.
La movilización por reclamar su inocencia comenzó inmediatamente con su familia, numerosa y conocida en el municipio, seguida por habitantes de la población, que entendieron que viven en un país donde la integridad toca demostrarla haciendo valer la voz y con recursos para poder tener una buena defensa.
Comenzaron recogiendo firmas en la localidad, lo que serviría como la prueba más que contundente de que mucha gente conocía las cualidades de Marisoliana; luego, siguieron con actividades como ventas de comidas y fiestas de “cuota” en las que recogerían recursos para los gastos que implican no dejar a alguien inocente en un centro de reclusión.
Al mismo tiempo, quien lideraba toda la movilización, la tía de Marisoliana, Berenice Colorado, contactaba a Élmer Montaña, abogado de la fundación Defensa de Inocentes de quien por el momento el país había escuchado que estaba al frente del caso de la excongresista Yidis Medina, vinculada a un secuestro y condenada por este delito.
Berenice cuenta que acudió en búsqueda de Montaña con varios amigos, gente que ya estaba trabajando en la libertad de Marisolina. Llegaron a Cali con esa misión, lograron hablar con el experto en leyes, quien de inmediato asumió el caso. “Estaba claro que no iba a ser fácil, pero ayudó que el abogado creyó en la inocencia de Mary”, afirma Berenice, quien también estudia derecho y está pronta a graduarse.
“La inocencia de Marisoliana era tan obvia como la injusticia cometida contra ella”: abogado Élmer Montaña
La defensa de Marisoliana Colorado no fue exitosa en un inicio; tal vez el desconocimiento del abogado de oficio sobre “Mary” pudo generar una confusión, que donde se hubiera evitado, ella hubiera podido recobrar su libertad, según aseguran sus familiares.
No obstante, asumida la defensa por Montaña, el rumbo del caso volvió a la  normalidad. Comenzaron las actividades de rigor, bastante difíciles, dolorosas para la familia pero más claras en lo que al marco jurídico se refería. Pasó la segunda audiencia para el mes de octubre, y en diciembre se solicitó la revocatoria de la medida de aseguramiento, negada sin razón alguna. “La juez la negó aferrada a una ley que lo prohibía, solo que la ley ya no se encontraba vigente, como para ser tenida en cuenta”, acotó el abogado Élmer Montaña.
Para el 2 de agosto, la defensa, con suficientes argumentos, basándose en la falta de elementos probatorios que vincularan a Marisoliana con el grupo al margen de la ley, solicitó de  nuevo la revocatoria de la medida de aseguramiento. Se hizo la diligencia ante la juez de garantías, que la negó, mientras un juez del circuito de Popayán le dio la razón a la defensa. El temor del abogado Montaña y de otros abogados de la fundación Defensa de Inocentes que apoyaban el caso fue siempre que a Marisoliana le fuera abierto otro proceso, pero esto no pasó.
Marisoliana quedó libre ese día en horas de la noche, salió del centro de reclusión con las pocas cosas con las que había entrado (ropa interior, la Biblia y un cepillo de dientes). “Muchas cosas quedaron adentro, como un regalo para mis compañeras”, declaró. Hoy sigue vinculada al caso porque la Fiscalía insiste en su responsabilidad y presentó, además, acusación en su contra.
Para el ente investigador no han valido las pruebas a su favor, las cartas, las firmas recogidas, los testimonios, pero como dice Marisoliana: “Hoy estoy libre, puedo dormir en mi cama como quiera, porque uno es libre en su propia cama”.

La comunidad del municipio de Villarica le ha realizado varios reconocimientos por su valor durante el tiempo que estuvo privada de la libertad Foto: Luis Alfonso Morales

“Marisoliana, me alegro que haigás llegado”
La expresión se oye comúnmente por estos días en el municipio de Villarica, Cauca, en la casa de quien hoy es considerada una heroína de su comunidad, un pueblo afro con  tradiciones tan arraigadas como el acento de los pobladores. Ha pasado más de una semana y la gente, los pobladores, siguen llegando a saludar a Mary, porque se alegran de que “haiga” llegado.
Marisoliana, ya en libertad, en el calor de su hogar conformado por hermanas, todas mujeres, al lado de su esposo y su hijo asegura que no siente rencor ni siquiera contra el Estado por una captura lejana a toda lógica. Asegura desconocer las leyes, que las conoció gracias a su “viacrucis” y que  eso le basta para confirmar que todo lo que vivió le ayudó para bien.
También menciona que nunca fue maltratada en el centro de reclusión; por el contrario, encontró desde el comienzo colaboración y apoyo de sus más de 200 compañeras, cuya mayoría pagan condenas por fabricación, porte y tráfico de estupefacientes. A muchas de ellas les enseñó a leer y escribir, procurando permanecer ocupada y obsesionada por dejar una huella en quienes compartieron su encierro.
Hoy piensa seguir estudiando, cosa que había descartado en los momentos de desesperanza que por segundos se presentaron mientras estuvo privada de su libertad, además afirma que se vinculará a la fundación Defensa de Inocentes para  trabajar por quienes se encuentran en las cárceles de Colombia viviendo esto mismo.
La mujer no para de agradecer a Dios y, casi de forma ilógica para la razón humana, insiste en que está convencida de que llegó a una cárcel para mujeres, que más bien parecía un colegio por su infraestructura, para algo bueno. Y puntualiza en que no sintió este tiempo, once meses de cárcel, como una pérdida sino como una ganancia.

COLOMBIA: “EL EJÉRCITO ABRIÓ EL CATATUMBO A LOS PARAS”

"El Ejército abrió el Catatumbo a los paras". En el primer año de la incursión paramilitar al Catatumbo, Norte de Santander, dejó más de 20.000 desplazados, un número incierto de desaparecidos y 800 civiles asesinados, la mayoría de ellos en masacres. Fueron seis años de barbarie, sin mayor control estatal

TESTIMONIO 

Por primera vez un alto oficial reconoce públicamente cómo participó en una de las más sangrientas incursiones de los paramilitares. Su declaración, justo una década después de sucedidos los hechos, involucra a altos comandantes de la Fuerza Pública, algunos de ellos aún activos.

En el primer año de la incursión paramilitar al Catatumbo, Norte de Santander, dejó más de 20.000 desplazados, un número incierto de desaparecidos y 800 civiles asesinados, la mayoría de ellos en masacres. Fueron seis años de barbarie, sin mayor control estatal
En los próximos días el coronel (r) del Ejército Víctor Hugo Matamoros será llamado a juicio, acusado de facilitarles a los paramilitares su ingreso a la región del Catatumbo, en Norte de Santander, donde llegaron en 1999 y cometieron varias de sus peores atrocidades. 
 
Sólo en el primer año de incursión hubo 800 civiles asesinados, muchos de ellos en masacres; un número incierto de desaparecidos, y al menos 20.000 desplazados.

El caso de este coronel se convertiría en la primera de una serie de acciones de la justicia sobre los mismos hechos, que podría involucrar al menos a cuatro generales y un coronel del Ejército, y a un coronel y un capitán de la Policía. Algunos de ellos aún son activos, o, pese a estar retirados, mantienen altos cargos en sus instituciones.

El testigo clave de este proceso accedió a hablar con SEMANA. Se trata de Mauricio Llorente Chávez, quien en 1999 era mayor del Ejército y comandante del Batallón Héroes de Saraguro, en Tibú, la puerta de entrada al Catatumbo. Llorente lleva 10 años en la cárcel y fue absuelto en dos instancias por estas acusaciones, pero la Corte Suprema, en casación, lo condenó a 40 años. El mayor, que hasta hace poco negaba su participación en estos crímenes, ahora se convirtió en el ventilador de un escándalo de impredecibles consecuencias.

La Fiscalía considera confiable su testimonio, entre otras cosas, porque coincide con versiones que han dado paramilitares desmovilizados en otros expedientes. Aun así, y aunque esta revista confirmó varios de los hechos narrados con otras fuentes independientes, y a que habló con la mayoría de los mencionados por Llorente, en esta publicación se omiten los nombres de los oficiales que aún la justicia no vincula en procesos relacionados con los seis años de presencia paramilitar en esa región.

La declaración de Llorente coincide con el anuncio del jefe paramilitar extraditado Salvatore Mancuso de que las revelaciones de la relación de su grupo con la Fuerza Pública sería un “capítulo doloroso” para el país, y un episodio de mayor calado de lo que ha significado la para-política.

Varios camiones
Una de las primeras cosas que confirma el relato de Llorente es la forma como llegaron los paramilitares al Catatumbo. En una operación sin precedentes, varios camiones llevaron desde Córdoba a unos 200 paramilitares fuertemente armados y, sin mayor obstáculo, cruzaron cinco departamentos: tenían la misión de llegar hasta La Gabarra, en el Catatumbo, el 29 de mayo de 1999. De acuerdo con versiones de desmovilizados, en la reunión de planeación participaron dos generales quienes, con Mancuso y Carlos Castaño, diseñaron la estrategia. Llorente menciona a otro general que habría solicitado información de cartografía al ahora investigado coronel Víctor Hugo Matamoros, en esa época comandante del Grupo Mecanizado Maza, batallón acantonado en Cúcuta.

Según varios testimonios, el único retén que encontró esta caravana de la muerte fue en Sardinata, en el desvío hacia Tibú. “Fueron seis camiones ‘carevaca’ diesel, 12 varillas los que salieron de Montería. Adelante iba una camioneta azul, y era la que abría el paso. Sólo cuando llegamos a Sardinata (Norte de Santander) un ‘suiche’ (subteniente del Ejército) nos detuvo. Llamó y le dieron la orden de que siguiéramos, que ya estaba todo cuadrado”.

La toma del Catatumbo estuvo marcada por varias masacres. Tres de ellas son las que se consideran decisivas del ingreso para.

La primera fue ese mismo 29 de mayo. Al paso de la flotilla de camiones, los paramilitares asesinaron al menos cinco personas y las dejaron tiradas en el camino con el fin de sembrar terror. Al cruzar Tibú, pasaron por un retén de la Policía a cargo del capitán Luis Alexánder Gutiérrez Castro, según el proceso que se le sigue por estos hechos. Allí se dice que mientras los paramilitares pasaban, la Policía requisaba los vehículos particulares, y que Gutiérrez en eso recibió una llamada para alertarlo sobre la caravana, y dijo: “Ya todo está coordinado por arriba, estábamos esperándolos desde hacía 20 días”. La misión de llegar a La Gabarra se truncó en el sitio Socuavo, donde la guerrilla les cerró el paso a los camiones, y hubo combates.

La segunda masacre fue el 17 de julio. Para ese momento el mayor Llorente dice que se había reunido con los paras porque decían ir referidos por el coronel Matamoros, y asegura que presenció llamadas que le hacían a éste y al coronel de la Policía a cargo del departamento. En su defensa, Matamoros expone que la zona de las masacres no era su jurisdicción, y que pese a ser de un rango superior, Llorente no estaba en su línea de mando. Esto es parte de lo que quiere que valore un juez, por lo que su defensa pidió que el caso sea llevado a juicio. Según Llorente, las cosas se facilitaron pues recibió órdenes del general a cargo de la división de enviar de gran parte de sus tropas, con lo que, sin mayor justificación, dejó su batallón debilitado.

Dice Llorente en su testimonio: “Yo planeo la incursión con David (alias del sobrino de Mancuso y quien estuvo al tanto de todas las acciones). Le dije que lo único que necesitaba era realizar un simulacro de un hostigamiento al batallón, para justificar que no podía salir a atender otras situaciones. Coordiné todo con el capitán que estaba de segundo al mando de mi batallón, que hoy es un coronel activo y que ya venía trabajando con las autodefensas. Nos reunimos con él y me dijo que lo importante era disminuir aun más el personal, por eso montamos una operación al lado opuesto del lugar de retirada de las autodefensas. Esto lo hicimos para que cuando comenzaran a investigarnos, tuviéramos cómo decir que no teníamos personal para apoyar. Nos reunimos con el capitán y 15 soldados de los más antiguos para reforzar los puestos esa noche, porque si colocábamos un soldado muy nuevo, de pronto respondía al escuchar los disparos de las autodefensas y ahí se podía formar un problema. Les pregunté a los soldados si estaban de acuerdo en que las autodefensas entraran al casco urbano, y me dijeron: ‘Mi mayor, estamos con ustedes’. Ellos se quedaron en las garitas y dejarían quietos los fusiles cuando escucharan los disparos, y uno que otro haría un tiro como si estuviéramos respondiendo. Las autodefensas dispararon a un sector donde queda la pista de gimnasia, para que no le hiciera daño a nada, y el acuerdo es que mientras ellos hacían esto, las otras autodefensas harían su incursión a Tibú”

En el pueblo, los paramilitares fueron en tres camiones. Unos 65 hombres. Llegaron a la plaza principal de Tibú, sacaron a las personas de los establecimientos, y una informante que llevaban encapuchada señalaba quiénes iban a morir. Esto sucedió a una cuadra de la estación de Policía.

Pusieron a las mujeres en la primera fila y a los señalados los tiraron al suelo y les dispararon con fusil a la cabeza. “Salía sangre para todos lados”, cuenta un testigo. Nueve personas murieron allí. Luego los paramilitares robaron el dinero de los negocios y se llevaron a cuatro más en uno de los vehículos. Fueron dejando sus cuerpos a su retirada, milagrosamente uno de ellos, a pesar de la gravedad de las heridas, sobrevivió y hoy desde el exilio es otro de los testigos clave.

“Hubo una tormenta impresionante -dice Llorente- y se empezaron a escuchar disparos. Se fue la luz. Todo eso ayudó para lo que iba a pasar esa noche. Inmediatamente ocurre todo, recibo una llamada de un señor de una de la alcabalas, le digo que qué pasó, me dice: ‘Mayor, por acá pasaron unas personas, entre ellas una mujer’. Y le pregunte quiénes eran y me dijo que creía que eran paramilitares, pero yo le dije que las autodefensas no tenían mujeres en sus filas. Le dije que ya le iba a enviar refuerzos. Nunca los envié porque no los tenía, y fuera de eso no tenía la intención porque yo ya sabía qué estaba pasando. Le pregunté: ¿Ya pasaron por ahí, me dijo: ‘Sí’. Entonces yo me dije: ‘Ya pasó todo'”.

La tercera masacre fue un mes después, el 21 de agosto. Sin resistencia alguna, los paramilitares finalmente lograron llegar al municipio de La Gabarra y asesinaron a 35 personas. El entonces capitán del Ejército Luis Fernando Campuzano, quien estaba al frente de la guarnición y debía proteger al pueblo, ya fue condenado por estos hechos. La Corte Suprema de Justicia revocó dos disposiciones previas, pues encontró que Campuzano retiró el retén que estaba en la entrada del pueblo, lo que facilitó el ingreso de los paras, no atendió los llamados de auxilio ni fue diligente en la persecución.

Mayor dolor
A partir de este momento, vinieron los cinco años de mayor dolor para los habitantes de la región del Catatumbo. “Luego de todo esto, las autodefensas empiezan a patrullar conjuntamente con el Batallón. Ya empiezan a causarle bajas a la guerrilla, a ocasionar combates, pero juntos”, dice Llorente. Esta incursión paramilitar fue presentada como una estrategia militar contrainsurgente, pero en la práctica estaba más orientada a ejercer control sobre el negocio del narcotráfico, al sacar a la guerrilla de los cultivos y del control de las rutas hacia Venezuela. En 2002 Carlos Castaño confesó en una entrevista con SEMANA cómo el 70 por ciento de sus ingresos provenía del Catatumbo.

En 2005, esta revista reveló documentos secretos del gobierno de Estados Unidos que fueron desclasificados. En ellos el embajador de Estados Unidos de ese momento, Curtis Kamman, muestra su preocupación sobre Santander: “Argumentando tener pocos recursos y demasiadas misiones, la unidad del Ejército local se negó a combatir a los paramilitares en esa área”. Sobre las primeras acciones de la incursión paramilitar de La Gabarra dice: “La oficina del Vicepresidente reportó privadamente que soldados del Ejército se pusieron brazaletes de las AUC y participaron activamente en las mismas masacres… ¿Cómo pueden ocurrir siete masacres bajo las narices de varios cientos de miembros de las fuerzas de seguridad?”.

Justo por esta época se cumple una década de la incursión paramilitar al Catatumbo. Una dosis de verdad parece asomar su rostro con el testimonio de Llorente, pero faltan muchas más, y en más regiones. Mucha agua ha corrido desde ese momento y, por fortuna, es muy distinta la situación que hoy vive la Fuerza Pública. Algunos piensan que este tipo de revelaciones desestabilizan, pero la acción de la justicia y el conocimiento de la verdad por dolorosa que sea, le permite a la democracia salir más robustecida de lo que en su momento la dejaron las miopes acciones de los violentos

LA BAJEZA MORAL DE LOS MEDIOS DE LA OLIGARQUÍA COLOMBIANA: EL CERCO CONTRA EL CAMPESINADO

El pasado martes presenciábamos en vivo como la infamia se tomaba de manera descarada y repugnante las pantallas de nuestros televisores. El cerco mediático contra el campesinado del Catatumbo se hacía descarado.

Los medios del oligopolio plutocrático vuelven a dar una vuelta de tuerca más en su deriva fascista en el noticiero de la noche, llevando a su portada que la policía tuvo que responder a plomo a los ataques con presuntas AK-47. Ese mismo día, Diomar y Hermides caían víctimas de las balas asesinas de la fuerza pública.

No es que sorprenda que Caracol y RCN, medios todos ellos secuestrados por los negocios del presidente Juan Manuel Santos, se opongan ferozmente a la Zona de Reserva Campesina o a cualquier otra reivindicación popular que ponga en entredicho, aunque sea una pequeña parte de su poder. Eso ya lo tomamos con la normalidad propia del que ya ha visto muchas jugadas, y conoce de memoria como es que se juega a fabricar y manipular la información. Tampoco sorprende que los medios regionales e incluso los locales estén alineados de manera absurda en un supuesto estado de derecho.

Tampoco sorprende que justificaran unas veces, otras invisibilizaran y otras aplaudieran el accionar paramilitar de finales de los 90 y principios de la década pasada. En esa ocasión, también el proyecto tenia la marca inolvidable del presidente de la República, en ese tiempo Álvaro Uribe.

No puede ser que los medios de los ricos apoyen a los pobres en la sociedad del sálvese quien pueda. Ya no solo eso, no podemos pretender que los medios de los ricos visibilicen las necesidades de los pobres, como tampoco podemos pretender que dejen de mostrar sus privilegios como el ideal social. A lo que si aspira uno es a que esa manipulación y ese sicariato informativo, por lo menos, sea elaborado, pulido y pueda tener un mínimo de credibilidad. Como poco que la bola entre suavemente en la garganta de los despistados sin que se den cuenta.

Se aspira también a que se mantenga, por lo menos, una apariencia de independencia entre los medios, que cada uno utilice una metodología diferente de ofender a la verdad. Se aspira a que cada uno depure su propia manera de mentir para así aparentar una cierta diferenciación.

En el caso de RCN y Caracol, en sus correspondientes noticieros, la noticia fue una copia exacta, a todos los niveles, además de un insulto a la inteligencia.

Las mismas imágenes, fotograma por fotograma, los mismos argumentos, el mismo teatro inventado para la especial ocasión, la misma complicidad descarada con los asesinos, el mismo desprecio por las humildes. Un mismo esquema informativo impuesto a las bravas para desconocer la realidad.

Las imágenes de policías, que sí disparaban, servían para argumentar que los campesinos disparaban. Esas estrategias de desinformación son tan viejas como los medios de comunicación y demuestran día a día la podredumbre avanzada en la que se encuentran los altavoces de la oligarquía. Las imágenes son claras y muestran a francotiradores apostados en las lomas con una cámara cómplice detrás. Seguramente esos mismos francotiradores son los que nos han asesinado a alguno de nuestros compañeros, pero de eso, nada se explica.

Fuego cruzado, decía la periodista Angie Camacho. Se escondía tras un carro de policía y retocaba su cabello mientras se agachaba, junto a varios uniformados. El camarógrafo de RCN, trípode en mano, corría despavorido bajo el fuego de la policía y el ejército para ponerse a salvo. Ambas imágenes en ambos noticieros. Esa es la prueba palpable de la participación y complicidad con los asesinos, de un alineamiento informativo escandaloso teledirigido desde arriba, desde tan arriba como la presidencia de la República.

http://prensarural.org/spip/spip.php?article11230

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