Colombia: Desnutrición infantil azota al país

Niño en La Guajira. Foto Joni Restrepo -Señales de Humo.
Niño en La Guajira. Foto Joni Restrepo -Señales de Humo.


El país más feliz del mundo” tiene en algunos departamentos una tasa de desnutrición similar a la que sufren los niños en África.

En 2015 fueron reportados 390 niños muertos por desnutrición. Este mal crónico en el país se ha agudizado por falta de estrategias de salud pública debido al modelo de las EPS.
Existe desnutrición aguda, la cual puede llevar a un niño a la muerte, y desnutrición crónica, que disminuye las defensas en el infante, es decir, puede causar que una infección o virus que genere entre tres o cuatro veces más riesgo de muerte.
En años recientes, varios estudios habían alertado sobre los riesgos que enfrentan los niños de Bogotá por la falta de cuidado de sus padres y por falencias en su alimentación. Hubo un 23,6% de niños con bajo peso al nacer y la prevalencia de desnutrición fue: crónica 8,5%; global 1,8%, y aguda 0,7%.
Los problemas que desencadena la desnutrición comienzan desde la gestación. En esos cinco años, la duración de la lactancia materna fue de 4,1 meses, inferior a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, que es de 6 meses, y la mitad dejó de lactar antes del primer año.
“El país más feliz del mundo” tiene en algunos departamentos una tasa de desnutrición similar a la que sufren los niños en África. La tasa de desnutrición de los niños en Colombia alcanza un 13,2%, con los mayores índices en Vaupés, La Guajira, Cauca, Amazonas y Guainía, entre el 23,1% y el 34,7%. Y con índices entre el 15% y 18% Bogotá, Atlántico, Bolívar, Magdalena, Córdoba, Nariño, Chocó y Vichada.
La desnutrición crónica impacta de manera prolongada la salud general y el desarrollo de los niños, principalmente el crecimiento cerebral y por ende su capacidad cognitiva y de aprendizaje.

LA LISTA URIBE

 

                   Por: Cristina de la Torre
 

Una cosa es capitanear las derechas, opción que la democracia respeta; otra, mofarse del dolor de un país agobiado por el peso de sus muertos a manos, sobre todo, del narcotráfico con anuencia de políticos. 

 La lista de Uribe al Senado, anunciada como renovación de la patria, es, por el contrario,perpetuación del viejo país con sabor a parapolítica. Mascarada desafiante,rehabilita en la parentela del gamonalismo sus lazos con mafias y ex funcionarios públicos sindicados de corrupción. Todo ello cuando Colombia y la Corte Penal Internacional esperaban respuesta de Uribe a la sindicación del Tribunal Superior de Antioquia sobre supuestos vínculos suyos con el paramilitarismo. Y registran con alarma las amenazas de  muerte que desde entonces se ciernen sobre el autor del pliego, magistrado Rubén Darío Pinilla. Esperaban también claridad sobre acusaciones de asociación con paramilitares que llevaron a la cárcel a Luis Alfredo Ramos, ex-gobernador de ese departamento y el más seguro candidato del uribismo a la Presidencia. Por gracia del destino aparece en la lista de Uribe el hijito de este cacique, sin más mérito que el de llevar el nombre del sindicado, y dudosas posibilidades de devolverle el honor al apellido.
En esta comparsa que sólo innova extendiendo el nepotismo del Ejecutivo al Parlamento, descuella la ex-ministra María del Rosario Guerra. Sucesora de su clan cuasi feudal en Sucre, es esposa del presidente de Fedepalma e hija del senador perpetuo José Guerra Tulena; su tío Julio César, gobernador del departamento, acababa de ratificarle a La Gata negocios teñidos de sangre. A su lado, José Obdulio Gaviria, ideólogo de cabecera de Uribe, no obstante haber recibido regularmente estipendios de su primo, Pablo Escobar, si hemos de creer a su hermano, Roberto Escobar. Dos hermanos de José Obdulio fueron a la cárcel por narcotráfico y a un tercero,Carlos Alberto, se le asocia con el asesinato de Guillermo Cano. No existe en Colombia el delito de sangre. Pero sí avergüenza la desfachatez de Uribe para concederle al narcotráfico el más elevado poder simbólico en los cargos que dio a su amigo.
Mas no es todo. En la lista figura también Honorio Henríquez Pinedo, sobrino del condenado por parapolítica Miguel Pinedo Vidal. Y la esposa de José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, elementos de cuya organización tuvieron trato y negocios con los Castaño en Urabá. Y Susana Correa, cercana al PIN y miembro de familia poderosa del Valle que resultó beneficiaria de AIS. Y Fernando Araújo, en gracia de ser hijito del ex-canciller de Uribe. Y Paloma Valencia, ficha de Fernando Londoño. Nieta del ex-presidente Valencia e hija de congresista, eleva a categoría de “teorizante” su habilidad para distorsionar hechos y argumentos hasta dar por verdad un absurdo. ¿Se arrepentirá de haber militado en Alas Equipo Colombia, emporio de la parapolítica? Y Alfredo Rangel, que exhibe don retórico parecido al de Paloma. Serán estos dos, parlamentarios aguerridos. Y Ana Mercedes Gómez, parte del notablato conservador en Antioquia, ex-directora de El Colombiano y ficha de FabioValencia Cossio, cuyo hermano, el ex-fiscal, anda preso por vínculos con lamafia. Y…
Con bancada tan pobre y de oscura condición, no dará el uribismo la talla en los debates que el pos-conflicto imponga. Quizá tampoco el propio Uribe, más proclive al agravio personal que a la razonada confrontación de ideas: rezará la oración de los tres huevitos y sus nostalgias de guerra, mientras el país estalla hacia horizontes que desbordaron a Uribe hace rato. Como anacrónica y afrentosa resulta su selección al Senado, cándido remedo de la Lista Clinton.

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COLOMBIA ¿RE-ELEGIR DESDE EL MIEDO?

 
Muy pronto inició en Colombia la nueva contienda electoral. No han transcurrido aún los dos años de Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y ya “su peor enemigo”, antes “su mejor amigo”, salta claramente a la plataforma política para ofrecer, en compañía de sus apóstoles, salvar del caos, de la hecatombe, nuestra Colombia agobiada y doliente. Y para hacerlo aprovecha la crisis institucional que campea en sectores como la salud, la educación, la justicia, la vivienda y desde su pedestal, evoca o más bien invoca desde el miedo o el terror, como única salida, la continuación de la guerra y el retorno a su seguridad democrática que ni fue democrática, ni significó seguridad para muchas colombianas y colombianos quienes viven en el abandono y la pobreza. Durante los años del gobierno Uribe, si bien se obtuvieron algunos resultados, muchos de éstos fueron fruto de prácticas como los “falsos positivos”. Cientos de jóvenes pobres y campesinos aparecieron como guerrilleros muertos en combate, su muerte traía como premio visitas familiares para soldados, incentivos para las brigadas, todo ello legitimado por una perversa circular, emitida en su momento desde el Ministerio de Defensa.
Álvaro Uribe Vélez invoca el miedo porque sabe que esta emoción logra transformar a ciudadanas y ciudadanos en sujetos inermes, perplejos, incapaces de reaccionar por vías democráticas y propositivas. Y esta mansa y asustada manada, se entrega al todopoderoso, quien dice ofrecerle la protección de todo mal y peligro. Uribe Vélez sabe muy bien, que cuanto más miedo se siente, más aceptable y deseable se vuelve el control militar y político, clara lección del fascismo.
El profesor Maximiliano Korstanje en su artículo “El miedo político en C. Robin y M. Foucault” nos recuerda que la política empieza donde termina el miedo y el horror o dicho de otra forma, que el miedo inicia donde termina la política. El miedo nos conduce a una aparente y apacible tranquilidad, porque el Otro, quien se presenta como el mesías, decide ocuparse de cada uno de nosotros, y lo hace a cambio de nuestra renuncia a las acciones de resistencia y a nuestras responsabilidades ciudadanas. Ese miedo también lo ha señalado Hannah Arendt, nos convierte en “niños de pecho” que buscan cobijo y protección a cualquier precio.
Bajo la emoción del miedo y del horror se justifica cualquier política, incluso aquella que viola nuestros derechos fundamentales. Para obtener seguridad y tranquilidad todo vale, siempre y cuando el “todopoderoso” la logre. Cualquier otra alternativa es débil, inapropiada y profundamente perjudicial. Es mejor apaciguar el miedo que respetar la Constitución e, incluso, respetar la democracia y la vida. En este clima guerrero, los códigos internacionales de respeto a los derechos humanos, como el DIH se convierten en un estorbo para librar la guerra.
Recuerdo las emociones a la que apelaron Fujimori, Franco, Mussolini, e, incluso, el mismo Hitler. Homogenizaron las preferencias, horrorizaron a todo un país y quebraron desde sus estructuras más íntimas las bases de la democracia. Cerraron, con apoyo de la ciudadanía el Congreso, concentraron el poder y legalizaron fuerzas “para-estatales”. El miedo impulsado en toda una sociedad, ha producido holocaustos, no debemos olvidarlo.
Las próximas elecciones para Congreso y para Presidencia de la República serán cruciales. Hoy como nunca se requiere de un voto vital, en el sentido más literal y profundo del término, pues podemos debilitar aún más nuestra ya frágil democracia ¿Vamos a votar otra vez desde el miedo y a reelegir a Álvaro Uribe Vélez, así sea en cuerpo ajeno? ¿Vamos a votar por un modelo que necesita de la orgía de la guerra y de la muerte, para justificar la seguridad democrática propuesta por su gobierno? Y por último pregunto ¿vamos a votar por un “buen muchacho”, como lo fueron algunos de sus funcionarios más cercanos, como lo aconseja José Obdulio Gaviria, por un muchacho obediente, leal, sin autonomía y que obedezca ciegamente los mandatos del autodenominado, puro centro democrático?
Cómo lo decía el asesinado periodista Guillermo Cano, en nuestro país se puede sentir miedo, pero no se puede vivir con el miedo. Es el tiempo de la primavera colombiana, es el tiempo de la ciudadanía.
Fecha de publicación:
Martes, Julio 24, 2012

FALSO POSITIVO JUDICIAL EN CALI CONTRA HUMILDE CIUDADANO

 
Por: Javier Lopez
El Comandante de la Policía Metropolitana de Cali, enloda  el nombre  y honra de un ciudadano humilde  e inocente, acusándolo de ser colaborador del sexto frente de las FARC, sin ningún  asomo de vergüenza, el General Fabio Castañeda lo acuso ante los medios de comunicación, 8 meses después la fiscalia pide  preclusion del caso al confirmar que  Fabio de Jesus  Caceres Valera  no era alias el indio.
y que va a pasar con el General Fabio Castañeda, que responsabilidad disciplinaria y judicial tiene, ahora todos los colombianos tendremos que pagar por al irresponsabilidad de este señor, ya que con justa razón Fabio  de Jesus Caceres confirmo que demandara al estado por este caso que no es el primero ni sera el único ya que  esta es otra modalidad de Falso Positivo, ante el afán que tienen los  integrantes de la fuerza publica de ganar méritos, ascensos y bonificaciones  al mostrar presuntos  resultados “positivos” en su lucha contra la insurgencia.
Esta es otra herencia del gobierno corrupto del Narco No 82, que a través de prebendas corrompió a los integrantes de las fuerzas militares y de policía,a si como a los organismos de inteligencia, no sin razón por eso se afirma que tanto el innombrable como su sucesor  Juan Manuel Santos, son los autores intelectuales de tan terrible modalidad que ademas de llevar inocentes a las  cárceles, provoco también el asesinato de miles de jovenes a quienes se hacían pasar por  guerrilleros muertos en combate.