#Colombia: El enemigo de los trabajadores y el pueblo

#Colombia el enemigo de los trabajadores….de sus derechos…..el y su títere y todos los que compartan sus ideas y les voten.

aumento en la edad de pensión para favorecer a los fondos de pensiones…modelo neoliberal en su maxima expresion

video tomado de redes sociales

fuente: https://youtu.be/Yusm5zopm9s Sigue leyendo

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Poder corporativo, libre comercio y fraude fiscal: una sola ecuación

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La lucha contra el paradigma del libre comercio es fundamental. América Latina vive un momento de contraofensiva neoconservadora, básicamente en Suramérica, que es la parte de la región que trató de desmontar la arquitectura neoliberal. La Alianza del Pacífico gana espacios. Un necesario debate

Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos

Desde mediados de la década del noventa, el movimiento social a nivel global comenzó a colocar como prioridad en sus agendas de lucha el tema comercial, dándole especial énfasis a una crítica completa al paradigma del libre comercio, que se colocó como premisa teórica de la puesta en marcha de la globalización neoliberal.

El primer escenario de la batalla contra el paradigma del libre comercio fue la Organización Mundial del Comercio (OMC), en donde se avanzó creando un entramado jurídico global de carácter obligante que profundizó la lógica de la desregulación comercial: agresivas desgravaciones arancelarias; eliminación de marcos regulatorios al capital financiero; y fortalecimiento de la protección unilateral a las inversiones externas.

Los efectos no se hicieron esperar en los denominados países del tercer mundo, que empezaron a sufrir las consecuencias de esta lógica del libre comercio. Y por tanto, se empezó una “rebelión” al interior de la OMC, liderada principalmente por quienes luego formarían el bloque de los Brics a fin de detener, en alguna medida, esta ofensiva libre cambista, llevando a lo que muchos llaman al “fracaso de la Ronda de Doha” o lo que es lo mismo, que los promotores del libre comercio no pudiesen terminar su labor al estancarse en los llamados “cuatro temas de Singapur”: 1) libre competencia, 2) facilitación del comercio, 3) protección de inversiones y 4) compras del sector público. La condición fue que se resolviera en el seno de la OMC el tema de los subsidios al sector agrícola en el norte (léase Estados Unidos y Europa, principalmente), para luego abordarse los temas de Singapur.

Ante el fracaso de la Ronda de Doha, la estrategia neoliberal acentuó la promoción de los Tratados de Libre Comercio (TLC). En el caso de América Latina, los Estados Unidos de Norteamérica lanzaron la ofensiva del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que fracasó por la alianza entre los recién llegados gobiernos progresistas y el movimiento social. Ante ello, Estados Unidos continuó con el impulso bilateral de TLC.

En efecto, la mitad de América Latina y el Caribe (México, Centroamérica, Caricom, Perú, Colombia, Chile) está constituida por economías que se rigen por el paradigma del libre comercio, con TLC entre ellas y con tratados con países de fuera de la región. Sólo se mantienen fuera de la lógica de los TLC el Mercosur (Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil, Venezuela) además de Ecuador y Bolivia.

Aparejado a la existencia de los TLCs, se fue profundizando esta institucionalidad neoliberal con el impulso que se dio a los Tratados Bilaterales de Protección de Inversiones (también conocidos como TBI). De forma que se liberalizó el comercio vía TLC y se le dio una protección privilegiada a la inversión extranjera vía TBI.

La dimensión fiscal

Una dimensión que no se había considerado en el ataque al libre comercio fue la fiscal, es decir los impactos provocados por dichos acuerdos en la recaudación tributaria. Gracias al movimiento global por la justicia fiscal se empieza a hacer una correlación de factores que obligan a hacer los vínculos de la desregulación comercial y de inversiones, con la opacidad, la evasión, la elusión y el fraude fiscal.

Estos vínculos, empiezan a relacionar cómo la desgravación arancelaria impacta las cuentas nacionales en términos de los impuestos que dejan de cobrarse a las importaciones. Asimismo, cómo los procesos de desregulación financiera y el libre tránsito de capitales impactan en las cuentas de capital de los Estados. De igual forma, cómo los principios de Trato Nacional (TN) y Trato de Nación Más Favorecida (TNF) abren portillos para la elusión de las transnacionales y también cómo las políticas de atracción de inversiones basadas en exoneraciones o privilegios fiscales van provocando inmensos costos en términos de gasto tributario para los países.

Asimismo, se ha observado que luego de la suscripción de un TLC, normalmente sigue la suscripción de un acuerdo de doble tributación, ventajoso para los países de donde proviene la inversión transnacional en el pago del impuesto a la renta. Es que el principio que rige la tributación en estos acuerdos es el de “residencia” y no el de “fuente”. De esta manera, una empresa extranjera no tributa ni en el país donde extrae la renta, ni en el de donde proviene, sino donde estratégicamente ha puesto su sede: Gran Caimán, Delaware, Islas Vírgenes y otras jurisdicciones opacas.

Finalmente, toda esta maraña de acuerdos de inversiones, libre comercio y doble tributación facilita la planificación tributaria, desarrollada por grandes estudios jurídicos que saben muy bien cómo y dónde constituir sociedades comerciales para no pagar impuestos. El escándalo de los Panamá Papers es una clara muestra de ello.

Crisis del posneoliberalismo

Hoy América Latina vive un momento de contraofensiva neoconservadora, básicamente en Suramérica que es la parte de la región que trató de desmontar la arquitectura neoliberal heredada de las décadas de los ochenta y los noventa. La irrupción de la derecha en Argentina, el golpe de estado en Paraguay, el golpe de estado en curso en Brasil y la victoria de la derecha en el parlamento venezolano, han posicionado de nuevo al paradigma del libre comercio en esta subregión latinoamericana.

La Alianza del Pacífico empieza a ganar adeptos en la región, los gobiernos del Mercosur inician la presión para que finalmente este proceso modifique su carta constitutiva que inhibe la firma de Tratados de Libre Comercio, esos mismos gobiernos se animan a reanudar la negociación para la firma de un TLC entre la Unión Europea y Mercosur, que se uniría a los que ya tiene la Unión Europea en vigencia con Centroamérica, México, Chile y Perú/Colombia.

Diversos países de América Latina están participando a fondo en las negociaciones del TISA, que abre sectores fundamentales (educación, salud, agua, servicios municipales, correos, transporte, etc.) a la participación privada de transnacionales. México, Perú y Chile participan activamente en el ya suscrito Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (conocido por sus siglas en inglés como TPP).

El poder corporativo transnacional tiende a fortalecerse por medio del impulso de diversos tratados o de inversiones, que se orientan a profundizar la desregulación de los grandes capitales, y que constituyen verdaderos candados jurídicos a políticas reformistas orientadas al bien común.

Visibilizar esta situación, abrir el debate para comprender en toda su dimensión las características del fenómeno y generar nuevas articulaciones de denuncia, resistencia y propuestas de cambio, son tareas urgentes para el movimiento social de América Latina.

La Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (LATINDADD) trabaja desde hace más de quince años en toda la región, incidiendo sobre los decisores políticos en temas de fiscalidad, nueva arquitectura financiera, deuda y nuevas economías.

www.latindadd.org, www.facebook.com/latindadd, www.twitter.com/latindadd

Artículo introductorio de la edición de agosto 2016 (No. 516) de la revista América Latina en Movimientotitulado “El laberinto de la evasión fiscal”: coedición ALAI-Latindadd. http://www.alainet.org/es/revistas/51

 

tomado de: https://www.semanariovoz.com/2016/08/19/poder-corporativo-libre-comercio-y-fraude-fiscal-una-sola-ecuacion/

Colombia: Desnutrición infantil azota al país

Niño en La Guajira. Foto Joni Restrepo -Señales de Humo.
Niño en La Guajira. Foto Joni Restrepo -Señales de Humo.


El país más feliz del mundo” tiene en algunos departamentos una tasa de desnutrición similar a la que sufren los niños en África.

En 2015 fueron reportados 390 niños muertos por desnutrición. Este mal crónico en el país se ha agudizado por falta de estrategias de salud pública debido al modelo de las EPS.
Existe desnutrición aguda, la cual puede llevar a un niño a la muerte, y desnutrición crónica, que disminuye las defensas en el infante, es decir, puede causar que una infección o virus que genere entre tres o cuatro veces más riesgo de muerte.
En años recientes, varios estudios habían alertado sobre los riesgos que enfrentan los niños de Bogotá por la falta de cuidado de sus padres y por falencias en su alimentación. Hubo un 23,6% de niños con bajo peso al nacer y la prevalencia de desnutrición fue: crónica 8,5%; global 1,8%, y aguda 0,7%.
Los problemas que desencadena la desnutrición comienzan desde la gestación. En esos cinco años, la duración de la lactancia materna fue de 4,1 meses, inferior a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, que es de 6 meses, y la mitad dejó de lactar antes del primer año.
“El país más feliz del mundo” tiene en algunos departamentos una tasa de desnutrición similar a la que sufren los niños en África. La tasa de desnutrición de los niños en Colombia alcanza un 13,2%, con los mayores índices en Vaupés, La Guajira, Cauca, Amazonas y Guainía, entre el 23,1% y el 34,7%. Y con índices entre el 15% y 18% Bogotá, Atlántico, Bolívar, Magdalena, Córdoba, Nariño, Chocó y Vichada.
La desnutrición crónica impacta de manera prolongada la salud general y el desarrollo de los niños, principalmente el crecimiento cerebral y por ende su capacidad cognitiva y de aprendizaje.

Ludovico Silva y el debate sobre la superestructura

Ludovico-Silva

Para Ludovico Silva, el uso del término superestructura no supone dificultad “siempre y cuando se tenga en cuenta su carácter de metáfora (arquitectónica)”

Miguel Espinosa Ardila y Alejandro Blanco Zúñiga
Hemos querido contribuir a la recuperación del pensamiento de José Luís Silva Michelena, conocido como Ludovico Silva, con el debate sobre la metáfora de superestructura. Los aportes de Ludovico, como le llamaron sus estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, son más fecundos en el debate sobre la ideología, por lo que esperamos tener una entrega sobre este tema en poco tiempo. No obstante de su amplio conocimiento de la obra de Marx, su pluma crítica contra el dogmatismo terminó relegándolo a los anaqueles del olvido. Por fortuna, el hermano pueblo de Venezuela está haciendo justicia desempolvando sus trabajos. Esperamos que la publicación de las obras completas de este gigante teórico den a la luz prontamente.
En el famoso Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, publicado por Karl Marx en 1859, encontramos esta afirmación:
“en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real [Ludovico Silva lo traduce directamente del original por “basamento real”] sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política [L.S. lo traduce por “edificio jurídico y político”] y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social” (El subrayado es nuestro. Usamos la asequible traducción de la Editorial Progreso de Moscú).
De lo anterior se ha hecho una tendencia casi incuestionable, según la cual existe una estructura económica de la sociedad que determina la superestructura jurídica, política, ideológica, etc. Por ejemplo, la marxista chilena Marta Harnecker, en el manual Los conceptos elementales del materialismo histórico, conceptualiza lo siguiente: “La noción de superestructura designa […] dos niveles de la sociedad: la estructura jurídico-política y la estructura ideológica. A la primera corresponde el Estado y el derecho, a la segunda, las llamadas “formas de consciencia social”” (Ed. 34ª, p. 88).
Por su parte, Nelson Fajardo Marulanda, interpretando el Prólogo citado, indica que por formación socioeconómica se entiende “la relación dinámica que se da entre la base material, la estructura, la materialidad de la sociedad y la superestructura que se levanta sobre la base material; relación dinámica en la que es la base material la que determina en última instancia, lo que sucede en una superestructura determinada […]” (Reestructuración de la democracia. En: semanario VOZ, 24 de septiembre de 2014. Sección Teoría y Crítica. p. 18. Tiene la errata de 1852 respecto al Prólogo, siendo éste de 1859).
Ludovico Silva
Contrario a lo anterior, Ludovico Silva, con la aguda crítica que le caracteriza, considera que el término superestructura en Marx no es un concepto científico, sino una metáfora. El teórico marxista sabe a lo que se enfrenta:
“Presentar como metáfora –o más propiamente como analogía que fundamenta una gran metáfora- un término que para la inmensa mayoría de marxistas, marxólogos y marxianos es toda una explicación científica cumplida, es cosa que suena fácilmente a herejía o a “sutileza burguesa” destinada a minar el edificio teórico de Marx” (Teoría y práctica de la ideología, en adelante, TPI; todo lo concerniente al análisis de ésta metáfora es repetida en forma exacta en El estilo literario de Marx; por lo tanto, citaremos el primer trabajo para el tema en concreto).
Los argumentos para sustentar esta tesis no son fáciles de desdeñar. Ludovico Silva, amplio conocedor de la obra de Marx en sus idiomas originales, comenta que lo que nosotros repetimos hasta el cansancio como superestructura, en Marx se usa escasamente: emplea una vez la etimología latina Superstruktur; y tres veces el sustantivo alemán Überbau. El último término de manera literal es “la parte superior (über) de un edificio, construcción o estructura (Bau)” (TPI).
Pero, si desde el punto de vista arquitectónico, el edificio se concibe como una totalidad, no habría una parte superior; en realidad, el término germano indica aquellos “andamios o tableros que se van superponiendo a un edificio, pero que lógicamente desaparecen cuando el edificio está ya terminado” (TPI).
La ideología alemana
En La ideología alemana, cuando Marx y Engels usaron el término Superstruktur, no fue para explicar las relaciones concretas entre la forma material por un lado y las ideológicas, jurídicas, etc., por el otro; cuando ello sucedía, abandonaron la metáfora para explicarlas de manera científica.
El popular Prólogo de Marx, “al cual se aferran como osos todos los que, con vocablo de García Bacca, llamaremos “dogmatiqueros”” (TPI), utiliza la metáfora de superestructura para hacer fácilmente entendible que la estructura económica de la sociedad, comparada con los cimientos o base (Basis) determina la fachada del edificio (Überbau); el ideólogo, al momento de analizar la sociedad, confunde la fachada y su base, creyendo que esa fachada sostiene la estructura.
La dificultad de esta tendencia indiscutible que hace pasar una metáfora (superestructura) como una explicación científica, es que “el vocablo […] casi nos obliga a imaginar el mundo de la ideología como algo superior, aparte de un reino independiente y flotando por encima de la estructura social” (TPI). El criterio del venezolano dista del anterior: estos aspectos se producen, reproducen y funcionan dentro de la estructura social, y no fuera de ella (no supera, en realidad, esa “relación dinámica” de la que habla el camarada Fajardo).
Si para Marx, tal como recuerda Lukács en Historia y consciencia de clase, la categoría de totalidad es la esencia de su método (recuérdese la Introducción de los Grundrisse), no hace justicia a su concepción el dividir la “sociedad […] en compartimentos estancos, en regiones separadas” (Anti-Manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos; en adelante, Anti-Manual). Lo anterior no quiere decir que no existan las formaciones ideológicas, jurídicas, estatales, etc.; todo lo contrario: su existencia no está por fuera o por encima de la estructura económica, sino dentro de ella.
Tal es la razón por la que critica a Marta Harnecker: la chilena divide el modo de producción en “estructuras regionales”: la económica, la jurídico-política, y la ideológica. No obstante, el teórico venezolano recuerda que la sociedad, en la concepción de Marx, es una “estructura global real” y no meramente teórica. Una visión mecánica como la anterior, sólo puede resultar de una “interpretación forzada de ciertos textos de Marx y del olvido de otros”, así como del “empeño althusseriano de esquematizar la concepción marxista de la sociedad dividiendo a ésta en “regiones y niveles”” (Anti-Manual).

Para Ludovico Silva, el uso del término superestructura no supone dificultad “siempre y cuando se tenga en cuenta su carácter de metáfora (arquitectónica)” (Anti-Manual). Ahora bien, si lo que queremos expresar realmente es que la estructura económica establece una “relación dinámica” (como comenta Fajardo) con los aspectos ideológicos, jurídicos, políticos, estatales, etc., y que la primera determina en última instancia a la segunda, debemos establecer de manera concreta cuáles son esas relaciones entre una y otra; no impide nada de lo anterior el uso del término superestructura, siempre que lo entendamos como metáfora.
http://www.semanariovoz.com/2014/11/05/ludovico-silva-y-el-debate-sobre-la-superestructura/