#Venezuela Rondon se hizo sentir – ¡Victorioso Ensayo Electoral Constituyente!  

Desde la mañana de este domingo 16 de Julio,  el pueblo patriota asistió masivamente al Ensayo Electoral Constituyente convocado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) esto como parte de las actividades previas a los comicios de la Asamblea Nacional Constituyente pautados para el 30 de julio de este año.
El Poder Popular se volcó a los centros electorales dispuestos en todo el país para ratificar su compromiso con la paz y con la Patria del Libertador Simón Bolívar.
La jornada que inició desde aproximadamente las 8:00 de la mañana se extendió hasta más de las 9: 00 de la noche lo que se tradujo en una nueva victoria popular.


Fotos: AVN / Twitter
texto: http://vtv.gob.ve/el-pueblo-asiste-masivamente-a-ensayo-electoral-constituyente/

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#Venezuela #OposicionTerrorista: ASÍ LE QUEMARON LA CASA EN EL PÁRAMO A UN ARTESANO POR SER CHAVISTA


La vivienda del artesano Román Rodríguez fue incendiada este viernes por manifestantes antigubernamentales, quienes habrían actuado motivados por el hecho de el propietario del inmueble es chavista.
La información fue divulgada esta noche desde la cuenta Instagram de la emisora radial YVKE Mundial Los Andes donde fue publicada una fotografía de una vivienda envuelta en llamas.

“Queman vivienda de artesano en Pueblo Llano #Merida || Román Rodríguez, quien habitaba éste hogar, fue víctima, según vecinos del sector, de las acciones “terroristas” comandadas por el alcalde de ésta jurisdicción; denuncian además, la presencia de grupos ajenos a la zona, contratados para perpetrar tales hechos”, explica el texto que acompaña la publicación.
Por su parte el diputado del PSUV, Pedro Carreño, publicó un mensaje y foto en su cuenta twitter, confirmando el hecho.

 

fuente: http://www.latabla.com/

http://www.latabla.com/queman-vivienda-de-artesano-chavista-en-pueblo-llan…/

‘Oposición venezolana se dedica a llevar el país al fracaso’

Los partidarios del Gobierno venezolano expresaron su apoyo al Gobierno del presidente Nicolás Maduro en la marcha del primero de mayo.

Miles de venezolanos marcharon por las calles de la capital Caracas. Se agruparon en la avenida Bolívar de Caracas (capital venezolana) donde el presidente y su gabinete les esperaban.

Allí, Maduro convocó a una Asamblea Nacional Constituyente con el objetivo de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución. También instó a los trabajadores a derrotar la guerra económica de la oposición.

En otra parte de la capital, los opositores se enfrentaron a las fuerzas de seguridad y causaron violencia.

El analista internacional Miguel Antonio Jaimes Niño aborda el tema desde Mérida (Venezuela) en una entrevista con HispanTV. Sigue leyendo

#RPDdeCorea FÁBRICA DE CABLES DE COMUNICACIÓN DE FIBRA ÓPTICA DE PYONGYANG

[KCNA] Los obreros de la Fábrica de Cables de Comunicación de Fibra Óptica de Pyongyang logran éxitos en la producción de cables a ser enviados a distintos sectores.

Noticias RPD de Corea

fuente: https://web.telegram.org/#/im?p=@RPDCorea

Transhumanismo y cibercultura

 

 

¿Cuál es su concepción acerca del transhumanismo y su relación con la práctica de cibercultura que realiza a diario?.

Transhumanismo y cibercultura

Por Javier Lopez

Es indiscutible que uno de  los objetivo primordiales del hombre desde el inicio mismo de la civilización, es la de lograr superar todas las trabas  que la aquejan, que no le permiten superarse como especie, el mejor ejemplo de ello es la figura de nuestro antepasado  “inventando” el fuego, sin saberlo tal vez este fue el primer transhumanista, buscando vencer el frió y espantar las fieras  que lo acechaban.

Porque de acuerdo a la investigación del transhumanismo, este es un concepto  filosófico, de vida, intelectual, científico, que  busca a través del empleo de las tecnologías y las ciencias mejorar  todos aquellos  aspectos  que  ponen en peligro la existencia misma del ser humano, es  entonces una apuesta a mejorar la condición humana, superando todas las barreras que le impiden el disfrute y goce de la vida misma.

la discusión permanente en torno a cómo superar los problemas, nos acerca como humanos, es ahí entonces que juega su papel la cibercultura,   como foro de discusión, de planteamiento de problemas sociales, como fortalecimiento de redes sociales que vencen las distancia,  que nos identifican como iguales, que nos confrontan  con nuestra realidad  y nos permite solidarizarnos, sumarnos a causas que  aunque parezcan ajenas por la distancia, nos conmueven por su desgarradora realidad, pero que también desde estos espacios  podemos conocer de los avances, de los logros de los hombres, de sus luchas y triunfos, es ahí entonces donde vemos la relación de la Cibercultura con el  transhumanismo, en que mejora nuestra capacidad de comunicación y de información, haciéndonos más humanos y más cercanos, la práctica diaria nos lo indica así y tal vez sea precisamente esta universidad, la nacional a distancia, UNAD, con su plataforma, con sus programas on line, los que nos den la mejor  pauta de lo que es el transhumanismo y su relación con la cibercultura, que al finalizar nuestra carrera profesional seremos mejores seres humanos, profesionales, con mayor conocimiento y herramientas para afrontar el competitivo mundo laboral.

#Colombia: Sí es posible el cambio de paradigma

 
 
Es crucial el opúsculo de Kant titulado “la paz perpetua”, que en la adaptación al contexto actual colombiano es la búsqueda de una negociación política que logre parar el conflicto armado y la degradación de la sociedad en el marco de una guerra prolongada.
 
Rubiel Vargas Quintero
El paradigma de una época imbuida en la violencia política, con la instauración de la violencia bipartidista como instrumento para la repartición del poder político por parte del bipartidismo con una ideología común: anticomunista, antisubversiva y la concepción del enemigo interno dentro de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que redefinió el esquema “amigo-enemigo”.
El enemigo político es un enemigo público, no privado. Es un hostil, que puede amenazar la propia existencia. Según Karl Schmitt “el enemigo político es el enemigo real”, esto conduce a criminalizar al enemigo, y por lo tanto a su eliminación total. Esta perspectiva antagónica “enemigo – amigo” conlleva a la destrucción, al odio irracional, a generalizar una racionalidad criminal.
La aniquilación total del enemigo implica la propia desaparición de lo político, el exterminio de la oposición sin ningún criterio de reconocimiento de las causas del conflicto. El conflicto colombiano obedece a cuestiones políticas, económicas y sociales, determinadas por una concepción sobre el Estado, el poder, la apropiación excluyente de la riqueza, la concentración de la propiedad de la tierra, la falta de democracia, la persecución política y la exclusión social, entre otras.
El enemigo que se identificó primero se encontraba en las zonas agrarias y después se desplazó al sector urbano, que sirvió como argumento para la negación de una apertura democrática, de participación política y reafirmó la exclusión del otro frente a sus derechos reivindicatorios sociales y económicos.

La paz perpetua

En el pensamiento acerca del conflicto, la guerra y la paz, frente al conflicto armado en Colombia y su terminación, es crucial el opúsculo de Kant titulado “la paz perpetua”, que en la adaptación al contexto actual colombiano es la búsqueda de una negociación política que logre parar el conflicto armado y la degradación de la sociedad en el marco de una guerra prolongada. El filósofo propone un llamado a la razón para borrar por completo las causas existentes de una futura guerra posible, que es la razón quien toma las decisiones sobre una comunidad política que contraste el ánimo guerrerista de los hombres de estado.
En este marco, la paz es concebida como el fin de todas las hostilidades, es un imperativo moral que se impone por sí mismo ante la razón, bajo el imperativo categórico “no debe haber guerra”. Así, la razón condena la guerra como una situación infame de la humanidad y convierte la paz en un deber moral. Kant insiste: “Que un pueblo diga: no quiero que haya guerra entre nosotros; vamos a constituirnos en un Estado, es decir, a someternos todos a un poder supremo que legisle, gobierne y dirima en paz nuestras diferencias, es comprensible”. Que un pueblo diga esto, es una decisión política correcta en un estricto sentido ético.
La decisión que se asuma en el marco de los acuerdos de La Habana es una decisión ética, la disposición correcta que se tome es una práctica moral, es la única sabiduría práctica, según lo cual debemos obrar para la construcción de una sociedad éticamente viable. La prolongación de la guerra produce degradación en la sociedad que ha dejado más de 220.000 muertos, ocho millones de víctimas, seis millones 900 mil desplazados, 45 mil desaparecidos, el despojo de 4.2 millones de hectáreas a campesinos. Por fuera de las estadísticas se puede encontrar otro aspecto de la degradación de la sociedad, la ética social. Se necesita un nuevo sistema ético. Lo acordado en La Habana brinda la oportunidad histórica de salir de la barbarie que genera la guerra, de la muerte, masacres y nos permite reconstruir el país desde la democracia, la tolerancia, el respeto y la inclusión social.

Cambio de paradigma

El cambio de paradigma significa el cambio de la mentalidad o racionalidad criminal, de la racionalidad del odio y todo problema social que busca su resolución a través de la justicia de la venganza por uno más coherente. Probablemente el uso más común de un nuevo paradigma, implique el concepto de “cosmovisión de comunidades como conjunto de experiencias, de vivencias, de valores, su cultura en comunidad y su contexto histórico, formas de asumir el buen vivir, vida en armonía con la naturaleza, entendido como la plenitud de la vida en comunidad en relación con la naturaleza, es el bienestar en comunidad. El cambio de paradigma que marca un cambio que determina la forma organizativa de una sociedad y cómo interpreta su propia realidad.
Se sientan las bases para la trasformación del campo, que ha sido uno de los ejes fundamentales de los acuerdos de La Habana y se crean las bases de un bienestar y buen vivir para los campesinos, las relaciones campo-ciudad, y la erradicación de la pobreza.
Es la oportunidad para que el país propicie el surgimiento de unas nuevas élites políticas sin corrupción de la mafia política, un sistema político incluyente, la creación de nuevos partidos y movimientos políticos, de movimientos sociales aislados, que han sido excluidos, el retorno a una política social y democrática que desarrolle políticamente lo correcto, el bien común.
El sistema se ha basado en un ordenamiento de exclusión social, que tiene como principio la negación de oportunidades. La construcción del tejido social entendido como aquello que pertenece a una comunidad, con rasgos identitarios, con una misma cultura, con una misma tradición, con principios de solidaridad, con respeto a lo diverso. Son algunas transformaciones que el país necesita para generar una nueva mentalidad ética para la convivencia en comunidad.

Nadie quiere hablar de Salvador Allende

“Sin pensarlo, Salvador Allende abrió en su familia dos puertas que no estaban siquiera construidas: la del silencio y la del suicidio”.

 

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Hortensia Bussi y Salvador Allende con sus nietos

Nadie quiere hablar de él. Él, que firmaba las fotos de sus nietas con una letra pegada y terriblemente perfecta: “A mi súper nieta Maya, a quien quiero con locura. Chicho”. Él, que desde 1953 hasta 1970 iba a almorzar todos los días a su casa: Guarda Vieja 392. Él, que dejaba hablar a los jóvenes en la mesa: “Que hablen. Quiero contagiarme de la sabiduría juvenil”. Él, que tuvo tantos amores y sólo uno, sin embargo. Él, que se paraba en la entrada de su casa, erguido y con el bigote siempre —siempre— pulido, y gritaba: “Qué hermosa vienes, señora Allende”. Él, que en medio de conversaciones políticas aullaba: “Señora Allende, señora Allende: no se interrumpe”. Él, que nunca habló de su papá, ni de su mamá, ni de su escuela. Él, que hipotecó y vendió y cedió todo lo que tenía para obtener lo único que quería. Él. El eterno presidente. El indestructible. El que sostuvo un arma debajo de su mentón el 11 de septiembre de 1973 y la disparó de un golpe seco. Dos orificios. Él, que con su muerte mató a tres más. Él, que se convirtió en una imagen fija, un busto, un símbolo. ¿Por qué nadie quiere hablar de Salvador Allende?

Silencio

Era el verano de 2007 y Marcia Tambutti, nieta de Salvador Allende, viajó a Chile para pasar vacaciones con su familia. Vivía en México, mientras su abuela, su tía y dos de sus primas vivían en Santiago. La casa de la Tencha, su abuela, estaba atiborrada de fotografías y pinturas. No había una sola pared limpia: era un museo. El museo de Salvador Allende. “A mi abuelo lo conocí por afiches. Su cara estaba en las casas de los que, como nosotros, sufrieron el destierro. Desde que tengo memoria todos los 11 de septiembre se le hacen homenajes a mi abuelo y al proyecto de sociedad que él lideraba y que fue destruido por un violento golpe de Estado. Para mí, él era una imagen fija. Nunca oí a nadie criticarlo. Ni siquiera podía imaginarlo de cuerpo entero. Aunque mi familia se dedicó a difundir por el mundo la violación de los derechos humanos en Chile y el legado de mi abuelo, lo paradójico era que en nuestra intimidad nadie hablaba de él”.

 

Durante esa visita, Tambutti se dio cuenta de que su familia no respondería ninguna pregunta hecha al azar sobre Allende. Decidió satisfacer esa necesidad para entender de dónde venía y realizó el documental Allende, mi abuelo Allende, que se estrenó este año y ganó en Cannes el premio a mejor cinta de no ficción.

Sabía que nadie iba a responder las preguntas que tenía desde los nueve años, cuando regresó a Chile y conoció La Moneda. Cuando todos le decían: “Ahí se sentaba tu abuelo”, “en esa mesa leía”. Fue la primera vez que le preguntó a Isabel Allende, su madre, qué le había pasado al Chicho, como le decían en la familia a Salvador Allende. Ella se ahogó en un llanto inclemente, en un llanto que parecía haber esperado años para salir. Esa se convirtió en la respuesta a cualquier pregunta referente a Allende: las lágrimas.

Tambutti estaba cansada de las anécdotas repetidas. Hay recuerdos que parecen ser fabricados como estrategia para mitigar el dolor. Son esas imágenes que, verdaderas o falsas, ocultan las escenas reales. Se convierten en las tablas que tapan un cráter de un edificio: a cualquier paso se rompen y queda el abismo. Ella necesitaba recuperar a su abuelo; su familia, en cambio, no quería recordar.

“Creo que durante la dictadura mi familia se desdobló: había una responsabilidad política por mantener vivo su legado, sus ideales, su figura. Era más fácil hablar del presidente que del padre al que extrañas. Mi madre hablaba del Salvador Allende presidente, pero nunca decía mi padre. Todo era político. Lo más relevante era recuperar la democracia en Chile. No había espacio para contar historias personales sino para luchas más épicas”, cuenta.

Isabel Allende, la tercera hija de Salvador y Hortensia Bussi, lo confirma: “Nosotras crecimos medio raras. Nos acostumbramos a que siempre estábamos volcados al mundo político, a la coyuntura, a la campaña: la que había terminado, la que iba a comenzar. No había tiempo para recordar a la familia”.

Nadie quería hablar, pero todos lo extrañaban.

“Cuando los exiliados íbamos a la Casa de Chile, había un hombre que me decía que yo me parecía mucho a mi abuelo. Me subía a una silla y gritaba: ‘Ya llegó la Chicha’. Él tenía unos lentes con un marco negro, parecidos a los de mi abuelo. Me los ponía y pedía a todos que vinieran a verme, que vinieran a ver a la Chicha. En las reuniones siempre cantábamos la música icónica de la Unidad Popular. Había una canción que me llamaba la atención: Venceremos. Mientras coreaban todos lloraban. Yo siempre pensaba que no tenía sentido cantarla. Que a nosotros ya nos habían vencido”, recuerda Tambutti.

Salvador Allende fue una máquina de la política. Toda su vida giró en torno al poder. Su familia era su principal aliada. No tuvo hijas: tuvo secretarias, parlamentarias, diputadas. Su esposa se mantuvo alejada de las declaraciones en público, pero siempre lo acompañó en sus batallas electorales. Ni a ella ni al resto de la familia les pidió ni les preguntó nada. Simplemente las involucraba y les demostraba que eran pieza fundamental en el éxito de la Unión Popular, de la revolución. La familia Allende Bussi era un pulpo: Allende la cabeza, el resto los tentáculos. Cuando murió Allende, los miembros parecieron haberse desperdigado por el océano.

En 1937, Allende fue candidato a diputado por el estado de Valparaíso; en 1945, al Senado por las Provincias del Sur; en 1952, por primera vez, se lanzó a presidente y perdió. Ese año sufrió su primera derrota. Una de sus amigas le recomendó escribir sus memorias o plantar el jardín, y él, de un salto, se levantó del sofá y puso ese tono de voz que podía romper paredes: “Pero ¿tú qué te crees? Yo pensando cómo financiar la próxima campaña y vos pensando en jardines”. En 1953 se postuló como senador por las Provincias del Norte. En 1958 a presidente por segunda vez y perdió. Todos empezaron a dudar. En 1961 se lanzó al Senado por la Zona Central. En 1964 a presidente por tercera vez y volvió a perder. En 1968 fue senador, nuevamente, por las Provincias del Sur y, como un toro que se resiste a morir en la arena, en 1970 se lanzó por cuarta vez a la Presidencia. Ganó. Llegó al poder cuando tenía 62 años.

Suicidio

Sin pensarlo, Salvador Allende abrió en su familia una puerta que no estaba siquiera construida: el suicidio.

Allende nunca se permitió perder por completo. Sabía que nunca moriría a manos de la oposición y que él mismo se quitaría la vida con tal de que ellos no sintieran que habían ganado. Nunca pensó que el 11 de septiembre de 1973 se atreverían a bombardear La Moneda. Estaba convencido de que, por mucho odio que existiera, las Fuerzas Armadas no se atreverían a tocarla y destruirla, por el símbolo que era. Sin embargo pasó. Las tropas entraron al edificio y mantuvieron durante cuatro horas un constante ataque a la habitación en la que estaba el presidente y las personas más cercanas que decidieron quedarse junto a él. Durante el golpe, Tencha, la esposa de Allende, estaba en la casa presidencial Tomás Moro. Los mismos aviones que bombardearon el Palacio de Gobierno la bombardearon a ella. La memé, como la llamaban sus nietos, escapó con dificultad sin saber que su esposo ya estaba muerto.

Beatriz, la Tati, la hija menor de Allende, que tenía siete meses de embarazo de su hijo Alejandro, y su hermana Isabel fueron a La Moneda. Ambas querían resistir al lado de su padre. Allende mandó que las sacaran del edificio, les ordenó que se fueran. Los tres sabían que era la última vez que iban a estar juntos. Al día siguiente los militares trasladaron a Tencha a un cementerio a más de 100 km de Santiago. Le dieron un ataúd sellado y la obligaron a enterrar el féretro sin ver, sin comprobar que quien estaba dentro era Salvador Allende. Pusieron un nombre falso en la lápida y toda la familia se fue de Chile.

“Volví a Chile 35 años después del golpe, con la esperanza de que el paso del tiempo hubiera ayudado a sanar las heridas. Que yo ya estuviera lista para hablar no significó que mi familia también lo estuviera. Me había propuesto entender qué dolores habían empujado a mi familia a protegerse tanto y por qué razones no hablábamos. Creo que el dolor más fuerte entre nosotros era la muerte de La Tati”, cuenta Tambutti.

La Tati fue la secretaria personal de su papá. Su amiga, su mano derecha. La hija revolucionaria de Allende fue médica y una de las cabezas del movimiento socialista en Chile. La relación entre ambos superaba el amor de padre e hija. Los unía la revolución, la idea de unir un pueblo. Ella conocía a las amantes de su papá y, sin embargo, nunca se le oyó un reclamo. La Tati se exilió en Cuba luego del golpe. Se fue y delante de un monstruo de multitud en la Plaza de la Revolución, donde conoció al Che Guevara, dijo que lucharía por unir a la izquierda chilena. También que su padre —era la primera vez que lo llamaba así en público— no había muerto en vano. Que ella seguiría con la lucha. Y mientras hablaba, el rostro se le iba convirtiendo en una herida abierta. La mirada se le fue perdiendo.

Ella aprendió e hizo suyo el concepto de su padre: el auténtico revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. Tiene que existir el amor al pueblo, a las causas más sagradas. Se debe ser heroico y ético. Un revolucionario no se podía —no se puede— deprimir. Pero quedó paralizada por aquel 11 de septiembre. No supo cómo seguir viviendo en un mundo en el que Chicho ya no estaba. Se disparó en la cabeza como su padre, cuatro años después del golpe. Un martes 11, como su padre.

Luego Laura Allende.

La hermana menor y más cercana a Chicho también se exilió en Cuba en los 70, después de haber sido prisionera en un centro de tortura. La influencia de Allende la acercó a la política y fue diputada del Partido Socialista antes del golpe. Ocho años después se quitó la vida saltando al vacío desde un edificio cualquiera. Tenía cáncer terminal y quería morir en Chile, pero los militares le negaron el permiso para entrar. Su muerte, como la de su hermano, fue un gesto de denuncia contra la dictadura.

Y Gonzalo.

Nada tuvo que ver el suicidio de Gonzalo Meza Allende con su abuelo. El primero de la familia en volver a Chile y el único nieto en tener recuerdos propios de él. Siempre fue el conciliador en la familia. Una vez, en una entrevista en la televisión nacional chilena, Meza le dio la mano a la nieta de Augusto Pinochet y, en otra declaración, a dos días de la muerte del dictador, sostuvo: “Se puede celebrar una muerte, pero yo no puedo. Yo he preferido respetar el funeral y el dolor de la familia Pinochet”. Pero la muerte se presenta de maneras misteriosas. Su esposa, la también socialista Gema Salazar, falleció en 2009 a causa de una leucemia que padecía desde hacía más de un año. La única promesa que le hizo a su esposa fue que seguiría viviendo, tratando de ser feliz. Una promesa parecida a la que le hizo la Tati a su papá: seguir luchando. En ambos casos la promesa fue rota.

El suicidio fue la única forma de librarse del peso de existir. Marcia Tambutti, su hermana, fue quien encontró el cadáver en su apartamento: rodeado de pastillas. Y ella quiso huir. Quiso saltar las paredes. Volverse invisible. Recordó el recién abierto caso de su abuelo y de la Tati y de Laura en su documental. Se preguntó si era justo y se respondió al mismo tiempo que no. Que la vida no es justa, que la vida pasa: es. Pensó en la maldición de su familia. Pensó en el dolor, en el silencio de su abuela y de sus tías. Quiso callarse como ellas. Y lo entendió por fin. Que hay dolores que es preferible dejar intactos.